Centro Virtual Cervantes
Rinconete > Literatura
Viernes, 5 de febrero de 2010

Rinconete

Buscar en Rinconete

LITERATURA

Aquí, rompiendo endecasílabos (I)

Por Carlos Matta

Un tipo de laberinto muy popular en el barroco hispano es aquel que se basa en la combinación de dos o más formas métricas en un mismo poema. De esa traza los construye Caramuel; y así los encontramos, de vez en cuando, en ciertas ediciones del xviii del Arte poética española de Juan Díaz Rengifo (1592). Se trata de matemáticas, ni más ni menos, y el poeta lo sabe; divide entonces un metro —pongamos que el endecasílabo— en unidades menores con las que juega y a las que moldea para volver a ensamblar en su estructura primitiva.

El soneto (tres-en-uno) siguiente se conserva en un manuscrito de la BNE, el 7326, que recoge diversos documentos tocantes a la canonización de Santa Teresa:

De fray Lázaro de Torres. Laberinthio al Quinto Certamen.
Soneto.

Endechas Cántico

Aue Teresa Resplandor hermoso
diuino objecto soberana idea
tu dulce muerte en Christo se recrea
celebre el cielo tu morir dichoso.

Olio de gloria Bálsamo oloroso
mana tu cuerpo donde Dios se emplea
pura açucena rosa que hermosea
tiene tu huerto del diuino esposo

Con alma sancta Con profundo zelo
miras el premio que a tu amor no cansa
tránsito alegre gozarás del cielo

Al gozo eterno Ve, paloma mansa
blanca paloma deste humilde suelo
llega de vn buelo a Dios y en Dios descansa.

A la izquierda, unas endechas pentasílabas arromanzadas; a la derecha, un cántico hexasílabo, con dos aparentes excepciones: el tercer verso, «en Cristo se recrea», y el último, «a Dios y en Dios descansa», ambos heptasílabos, que no son tales si desplazan su primera sílaba al verso anterior (no hay trampa: el recurso se llama sinafía y ya lo habían utilizado con fruición Santillana y Manrique; mucho después lo veremos en los poemas más clásicos de Juan Ramón Jiménez). Por otro lado, el resultado final, si leemos horizontalmente, tampoco es hipermétrico, debido a las respectivas sinalefas que se producen en mitad del verso.

Dos son las causas que facilitan que el soneto salga bien: por un lado, el carácter enumerativo de todos los versos (la puntuación se deja al buen hacer del lector); por otro, el mantenimiento de una estructura rítmica que, en cierto modo, obliga a que la disposición textual sea exactamente esa y no otra. Me explico. Los endecasílabos obtenidos tienen los acentos, digamos, «en su sitio»: todos ellos se pliegan a los moldes clásicos (acentos esenciales en sexta, o bien en cuarta y octava sílabas). Ni un ritmo raro, ni un acento chirriante en quinta o séptima. Y ello, evidentemente, por la composición misma: cada verso está formado por una cláusula pentasílaba (con acento obligatorio en cuarta), más otra hexasílaba donde, si nos fijamos con atención, todos los versos van acentuados en tercera o en primera, esto es, en la sexta o la octava del endecasílabo final.

Parece magia y tal vez lo sea, pero una magia apoyada en reglas y números.

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es