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Miércoles, 3 de febrero de 2010

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LITERATURA

Eugeni d’Ors

Por Camilo Hoyos Gómez

La figura de Eugeni d’Ors en la literatura catalana de comienzos del siglo xx es sin lugar a dudas fascinante tanto por su papel crucial en la conformación de uno de los más destacados movimientos literarios catalanes, como lo es el Noucentisme, como por su sin igual ruptura y exilio voluntario de la cultura y territorio catalán. Nacido en Barcelona en 1881, desde joven participa activamente en actividades culturales relacionadas con la Lliga Regionalista (partido político que llegó al poder en 1901, creadora de la Mancomunidad de Cataluña). Estudiante tanto de Leyes como de Letras, presenta dos trabajos que de alguna manera ya cercarían una trayectoria futura: en Leyes se doctoró con Genealogía ideal del Imperialismo y en Letras con Las aporías de Zenón de Elea, marcando así desde sus inicios un itinerario entre lo legal y lo artístico-filosófico.

Pero aquellos años lo conocerán con pseudónimos con los cuales firmaba sus contribuciones aparecidas en publicaciones tales como Quatre Cats, Pel & Pluma o Catalunya: Xènius y Octavi Romeu. No obstante su actividad editorial, no será sino hasta el 1 de abril de 1906 que su columna Glosari, publicada en La Veu de Catalunya entonces dirigida por Josep Carner, le dé un renombre sin igual gracias al estilo mismo de su pluma. Gracias a sus glosas (es decir, un texto corto, analítico y anecdótico que muchas veces involucraba algún elemento de la realidad barcelonesa) se evidenciaba un nuevo estilo periodístico que encontraba un límpido resplandor en manos de d’Ors. Sus temáticas, muchas veces de corte cotidiano en relación con la vida barcelonesa, tenían un propósito fundamental, entre otras cosas: el de crear una cultura catalana que estuviera a la par del nuevo siglo que ya se sentía en toda Europa y en sus grandes capitales. A través de sus glosas, por ejemplo, podemos destacar su carácter polifacético: como corresponsal en Algeciras y París en 1906; como filósofo en el III Congreso Internacional de Filosofía de Heidelberg (donde leerá su trabajo Religio est Libertas) en 1908; como conferenciante de lógica y metodología de las ciencias en los Estudis Universitaris Catalans en 1909; como psicólogo en el IV Congreso de Psicología de Ginebra en 1909; como viajero en Alemania en 1910 y como pedagogo, entre otros, en el II Congreso Internacional de Educación Moral en la Haya en 1912.

Su constancia tanto en el plano intelectual como editorial le sería reconocida institucionalmente de la mano de quien fue su gran protector, Prat de la Riba, mediante el nombramiento como secretario del Institut d’Estudis Catalans y como editor de los Arxius de l’Institut de Ciències, donde publicará en el primer número su Els fenomèns irreversibles y la concepció de l’Univers. Mientras tanto, el Glosari seguía engordando; llegaría el momento, de la mano de Prat de la Riba, en que d’Ors comenzaría sus funciones institucionales, las mismas que le serían arrebatadas en 1921, dos años antes de su traslado definitivo a Madrid en 1923. A raíz de la pérdida de la cátedra de Psicología en la Universitat de Barcelona en 1914, la Residencia de Estudiantes de Madrid le invitará a dictar una conferencia sobre De la amistad y del diálogo a la vez que le es ofrecida la dirección del Departament d’Educació Superior del Consell de Pedagogia de la Mancomunitat de Catalunya, y en 1917 será director de la Escola de Bibliotecàries, a la vez que Director de la Instrucció Pública de la Mancomunitat. No obstante sus diversas actividades, los días de gloria de d’Ors en conjunto con las instituciones catalanas tenían sus días contados. La muerte de Prat de la Riba, y su falta de empatía con su sucesor, Puig i Cadafalch, no hacen más que enfatizar aún más las posturas críticas (y criticadas por gran parte del público catalán) de d’Ors respecto a Europa y Cataluña. El año 1920 tendrá una incidencia decisiva en la vida de d’Ors: La Veu de Catalunya decide interrumpir el Glosari (su publicación se trasladó al diario El día óptico, donde apareció hasta 1921), dimite como director de la Instrucció Pública y, más grave aún, le acusan de malversación de fondos públicos, razón por la cual es expulsado de la secretaría del Institut d’Estudis Catalans. D’Ors renunciará entonces a su cultura catalana: se traslada definitivamente a Madrid en 1923, comenzará a escribir únicamente en castellano y su nombre perderá la forma catalana, para entonces llamarse Eugenio d’Ors. Su supuesto amorío, pues, se vendría abajo. A partir de 1921, ya con el Glosari interrumpido y sus funciones institucionales suspendidas, podemos destacar en la obra d’Ors, entre otros, tres importantes estudios sobre artistas (Cezanne, 1921; Tres horas en el museo del Prado. Itinerario estético, 1922; y Pablo Picasso, 1928) o incluso su Introducción a la vida angélica. Cartas a una soledad, donde cierra su reflexión acerca de la doctrina del Ángel fundamentada en el daimon socrático, en 1938. Siempre alejado de Barcelona, ocupó puestos en el gobierno central durante la Guerra Civil española —algo que, como era de esperar, jamás gustó en los pasillos literarios y editoriales catalanes.

A comienzos de 1940 d’Ors intenta regresar a la cultura catalana mediante la publicación de su Obra catalana completa, Glosari 1906-1910, pero será una unión que incluso hoy en día está aún en un estado purgatorial. Reconocido como uno de los grandes forjadores del Noucentisme, la figura de Eugeni d’Ors padece aún de los prejuicios de un pasado que le acusó de un distanciamiento demasiado enfrentado con la realidad catalana que lo vería regresar a Vilanova i la Geltrú, donde encontraría su muerte en 1950.

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