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Martes, 10 de febrero de 2009

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Arte / Claroscuro

Cuadros para un oratorio

Por Susana Calvo Capilla

Aunque pueda parecer increíble, los depósitos del Museo del Prado todavía nos dan sorpresas. Una de las últimas ha sido la atribución a Alessandro Turchi (m. Roma después de 1649), por G. Finaldi, de una serie de lienzos que decoraron el Oratorio de la Reina del Alcázar de Madrid. Son cinco de los nueve grandes cuadros que sobrevivieron al incendio del Alcázar en 1734 y que habían sido atribuidos a pintores como Vaccari y Carducci. Dos de ellos han sido restaurados para la exposición sobre las Fábulas de Velázquez celebrada en el Museo del Prado a finales de 2007.

Ilustración. Alessandro Turchi (1578-1649): «El Nacimiento de la Virgen» (detalle)

Alessandro Turchi (1578-1649): El Nacimiento de la Virgen (detalle)
Lienzo, 180 x 135 cm
Núm. de inventario: 3864

Los lienzos, dedicados a las «Fiestas de Nuestra Señora», fueron enviados a Madrid hacia 1635 por el cardenal don Gaspar de Borja y Velasco, embajador español ante la Santa Sede. Estaban destinados al oratorio de la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, donde se colgaron junto a otros dos lienzos: La Coronación de la Virgen, pintado por Velázquez por encargo regio para completar la serie, y el Cristo en la cruz, de Federico Barocci, pintado en 1604 y que debía formar parte de la colección real. La obra más lograda de la serie es la Asunción, aunque todas ellas muestran una composición elegante y contenida, una narración concisa y poco efectista. Los colores son intensos con predominio de los pardos anaranjados, del verde cobre y del rojo violáceo, tono éste que adoptó Velázquez en su Coronación. Los personajes son voluminosos, propios del clasicismo romano del siglo xvii, y de menor tamaño que el natural, escala repetida asimismo por el maestro sevillano.

Ilustración. Alessandro Turchi (1578-1649): «La Asunción» (detalle)

Alessandro Turchi (1578-1649): La Asunción (detalle)
Lienzo, 178 x 135 cm Núm. de inventario: 5128

Alessandro Turchi, pintor poco conocido hoy, nació en Verona hacia 1578, de ahí que se le llamase Alessandro Veronese, aunque también tuvo el apodo de el Orbetto porque sirvió de lazarillo a su padre ciego. Estudió y trabajó en Verona hasta 1614, año en que se trasladó a Roma. Allí pintó para los más altos dignatarios, incluido el cardenal Scipione Borghese, además de realizar numerosas piezas de altar para iglesias de la ciudad. Su estilo tenía importantes raíces en la tradición colorista de Verona si bien predomina el clasicismo romano. De su reconocimiento en Roma nos da cuenta su admisión en la Academia de San Luca en 1618 y en la Cofradía de los Virtuosos del Panteón de Roma en 1637, una cofradía de la que también formó parte Velázquez, que ingresó en ella el 13 de febrero de 1650.

En el Panteón de Roma, convertido en Iglesia de Santa María de la Rotonda, se encontraba la tumba de Rafael (m. 1520), lo que hizo que este edificio romano se convirtiera en una especie de mausoleo del arte. Allí se enterraron otros muchos artistas: el pintor y arquitecto Baldassare Peruzzi (m. 1536), los pintores Taddeo Zuccaro (m. 1566) y Annibale Carracci (m. 1609) o Flaminio Vacca (m. 1605), escultor y arqueólogo. La presencia del sepulcro de Rafael pudo estar en el origen de la Cofradía de los Virtuosos del Panteón, creada en 1543 bajo la advocación de San José, en cuya festividad los miembros podían exponer sus obras en el pórtico del imponente edificio romano. Velázquez mostró allí, el 19 de marzo de 1650, el retrato de su esclavo Juan de Pareja.

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