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Martes, 10 de febrero de 2009

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Literatura

Antonio Ortuño: celebración del odio

Por Luis Alonso Girgado1

Los trabajos de prensa y la creación narrativa orientan los pasos de un joven de Guadalajara (México), Ricardo Ortuño, que con Recursos humanos (Anagrama, 2007), expresión que nos lleva al ámbito empresarial, ha resultado finalista del Premio Anagrama de Novela. Su obra se alinea en aquella corriente narrativa que erige microcosmos desquiciados, cosmovisiones devastadoras, fabulaciones regidas por paranoias criminales. Todo lo cual, repitámoslo, tiene su origen en un sector de la novela norteamericana que se complace en hurgar en las zonas más alucinadas y sombrías de ciertos particulares psiquismos. Malacara, del también mexicano Guillermo Fadanelli, no se aleja en absoluto de este aniquilador tour de force del malditismo de la condición humana que Ortuño plantea, desafiante, a través de la figura de Gabrielito Lynch, arquetipo del trepador vesánico que arrasa todo lo que se le interpone en esta fábula narrativa atroz que es un verborrágico vademécum del rencor, del odio, de la ira que el propio protagonista, Lynch, entiende destinado a lectores «obscenos con sensaciones de culpa apenas controlables que esperan a que nadie esté cerca para rebuscar suciedades en estas páginas» (p. 76).

Es Recursos humanos una hiperbolización del espanto (atentados, crímenes, acosos cruentos) en la cerrada geografía de una empresa de ambiente entre kafkiano y dantesco donde «ovejas» y «cerdos» son, para el lenguaraz narrador, víctimas propiciatorias en su imparable escala en pos del poder con su cortejo de dominación, sexo, ropa cara y de marca, dinero y alto status. Gabriel Lynch, al borde siempre del desquiciamiento, no deja de representar a parte del sometido y malparado personal de las empresas, sin horizonte, esclavizado en la mediocridad y la precariedad. El «motor del odio» con su espiral de bajezas, rencores y daños, es la vía del acosado Lynch para devorar y no ser devorado.

Recursos humanos es un monólogo narrativo cuya materia es salaz y residual, detritus y vísceras de personajes que sucumben en un infierno que los devora. Novela de estructura fragmentaria. Su discurso cobra fuerza con el uso de la primera persona, formalmente autobiográfica, y con un registro expresivo que es un látigo de siete colas entre sarcástico y sangriento. Gabriel Lynch representa a una subhumanidad degradada (acaso «una especie de caballo que habla», p. 113) de contradictoria e inasible personalidad, ardua materia de estudio para la psiquiatría. He aquí, en definitiva, la manifestación del odio frente al mundo, la estimativa envilecedora de la realidad que nos rodea, los otros como pesadilla y perversa manipulación. Novela de impacto, de tirón —no cabe duda—, Recursos humanos revela a un escritor digno de tener en cuenta. Interesará a no pocos lectores.

  • (1) Publicado en Nordesía. Diario de Ferrol, 30 de marzo de 2008. volver
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