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Lunes, 11 de febrero de 2008

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Literatura

Octavio Escobar: Colombia, crónica negra

Por Luis Alonso Girgado1

Basada en una exigente selección de los textos y en unas bien cuidadas ediciones va la extremeña Periférica afirmándose, haciéndose un hueco editorial por derecho propio. Lo confirma la publicación de Saide (Periférica, 2007), novela-crónica o crónica novelada del colombiano Octavio Escobar Giraldo, que en 1995 ganaba con ella el Premio Crónica Negra Colombiana y en años posteriores cosechaba otros galardones en el terreno de la novela y el cuento. De Saide puede decirse, como diagnóstico general, que sigue la huella de la novela negra con el añadido de una prosa de variados registros expresivos del excelente oficio de contar y del perfecto manejo de planos, tiempos, ritmos y secuencias por parte del novelista, que da otra vuelta de tuerca a la omnipresente violencia en la que se desangra el país, pero que pone esa violencia como en sordina, sin exceso alguno y, al tiempo, dolorosa y punzante, en una mirada por momentos directa y cortante, viva, pero también elíptica, elusiva, que no descuida la atención a la geografía narrativa ni el alzado de los personajes, sobre todo del médico, Díaz-Plata (de corte onettiano), y de la bien perfilada figura de Saide Malkum, cuya trágica estela va siendo evocada por el narrador en una ardua pesquisa. La relación entre los citados personajes convierte a Saide en una novela de pasión amorosa signada por la fatalidad y la destrucción, por la muerte, y cercana al mito de Pygmalión.

De pocas muestras del género que venimos leyendo puede afirmarse, como de Saide, que se trata de una novela ensamblada a la perfección, dotada de una alta temperatura interna pasional y trágica y escrita con una prosa clara y precisa, forjada en la concisión, urgente en la coloquialidad de los diálogos y de andadura espiral en su trama, que sobrevuela el misterio, lo real profundo, el interior de los personajes, la fuerza y belleza del paisaje y hasta alguna digresión literaria. Los temas y motivos son predecibles en las coordenadas de las letras colombianas de hoy. También la crítica y la denuncia —implícitas o explícitas— de males, padecimientos, terror y corrupción que asolan el país en sempiterna confrontación civil son de aguardar.

Nada de ello resta mérito a un texto como Saide, que puede llegar a cotas de prosa de calidad lírica, que resulta muy auténticamente colombiana, que revela no poca sabiduría en el arte del buen contar y crea un enigmático personaje de mujer en Saide, víctima, como su país, de un aciago destino, de la fatal violencia. Novela vitalista en buena medida, no se desprende de un aliento de desolación y derrota, de acabamiento y desesperanza. Acaso el paso de los años ha dado una pátina de solidez y certidumbre a la ambiciosa entidad de una novela que equilibra la peripecia particular y el vivir colectivo, el esplendor y el ocaso, los sueños y las frustraciones. Lean esta lacerante Saide.

  • (1) Publicado en Nordesía. Diario de Ferrol, 7 de agosto de 2007. volver
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