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Martes, 20 de febrero de 2007

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ARTE / Claroscuro

El «dios del istmo»

Por Marta Poza Yagüe

... echando mano al tridente, congregó las nubes y turbó el mar; suscitó grandes torbellinos de toda clase de vientos; cubrió de nubes la tierra y el ponto, y la noche cayó desde el cielo. Soplaron a la vez el Euro, el Noto, el impetuoso Céfiro y el Bóreas que, nacido en el éter, levanta grandes olas. Entonces desfallecieron las rodillas y el corazón de Odiseo...

(Homero, Odisea, canto V).

Sobre la cabeza de un delfín de mármol, apoyo de la colosal figura de un heroico desnudo masculino hallado en unas excavaciones de la antigua Corinto, una inscripción tallada en griego reza: «P. LICINIO PRISCO, SACERDOTE VITALICIO, (DEDICÓ LA ESTATUA) AL DIOS DEL ISTMO». Tanto la naturaleza marina del cetáceo, como el tridente de bronce que empuña el personaje con la mano izquierda, nos indican que el dios del Istmo aludido no es otro que Poseidón (Neptuno para los romanos), el impetuoso señor de los océanos y agitador de vientos y tempestades, al que Homero se refiere a lo largo de toda su obra como «prepotente batidor de la tierra». Por si todavía quedase alguna duda, y precisando aún más en el área geográfica, es Pausanias quien se encarga de recordarnos el dominio de este dios olímpico sobre todas las tierras del Istmo de Corinto:

He aquí lo que dicen los corintios acerca de su tierra…: Dicen los corintios que Poseidón disputó su tierra con Helio, y que tuvieron como árbitro a Briareo, quien dictaminó que el Istmo y todo lo que hay en él eran de Poseidón, y dio a Helio la parte elevada por encima de la ciudad; desde entonces dicen que el Istmo es de Poseidón.

(Pausanias, Descripción de Grecia, II, 1, 6).

En efecto, la escultura es una monumental talla de Poseidón, de tamaño bastante superior al natural. El cuerpo es robusto, de marcada musculatura, como si se tratase de un atleta. La cabeza, prodigiosa, está cubierta por una maraña de acaracolados rizos que se distribuyen tanto por el largo cabello como por la tupida barba, como queriendo reflejar a través de su desorden el agitado carácter de su propietario. El modelado es cuidado y preciosista, simulando, incluso, el recorrido de venas, tendones, huesos o articulaciones en algunas partes de la anatomía. El mármol, veteado en azul como el empleado tradicionalmente por la escuela de Afrodisias a mediados del siglo ii d. C., es sabiamente aprovechado por el escultor para simular distintas texturas en las carnaciones, entre ellas, el vello. Sólo la hoja de parra, desafortunado añadido de época moderna, rompe la armonía de proporciones existente entre las diferentes partes.

Por lo que al donante se refiere, los investigadores han identificado al P. LICINIO de la dedicatoria con Publio Licinio Prisco Juventiano, sumo sacerdote del culto imperial durante el gobierno de Adriano (momento en el que los expertos fechan la pieza) y conocido benefactor del santuario del Istmo de Corinto por aquellos mismos años.

Tras su descubrimiento en el siglo xviii, durante el transcurso de unas excavaciones en la citada ciudad griega, la escultura fue llevada a Roma lugar en el que, inmediatamente, fue adquirida por el rey de España. Ingresó en El Prado procedente de la Colección Real.

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