Cultura y tradiciones
Por María Fontán
El ritmo presuroso de la vida y la evolución, a menudo vertiginosa, de las costumbres y de las posibilidades ofrecidas por los avances técnicos ha determinado la desaparición o transformación de realidades, quehaceres, actividades, y personajes y tipos humanos que tuvieron notoriedad en otro tiempo... Se desdibujan hábitos, se debilitan tradiciones, cambia la fisonomía de las ciudades y los pueblos, nacen nuevos perfiles y aspectos. Lógico todo ello y, a menudo, bueno y saludable, pero no siempre. Y materia frecuentemente para el recuerdo y la añoranza o la evocación histórico costumbrista. Así de tipos humanos y profesionales que fueron incluso populares un tiempo pero que perdieron su razón de ser ante el empuje inexorable de los nuevos modos de existencia.
Uno de esos tipos humanos y profesionales ha sido el del pregonero, tan conocido, popular y necesario durante muy largo tiempo. Acaso, pero muy raramente, pueda aún vérsele en algún pueblo más o menos escondido y oírsele las palabras rituales: «De orden del señor Alcalde, se hace saber...». Una serie de circunstancias múltiples acabó con el viejo personaje municipal, que ya es tan sólo un mínimo recuerdo en la historia de pueblos y ciudades. Fueron surgiendo inventos y hechos que hacían más innecesaria cada vez la presencia y la existencia de los pregoneros en las calles y plazas. Primero los periódicos, después la radio y la televisión, fueron restando eficacia y razón de ser a la persona que daba cuenta a las gentes de las noticias y las disposiciones que convenía saber. Hasta que llegó el momento en que un pregonero, en una población, constituiría un anacronismo y sólo tendría el posible interés de su pintoresquismo. Y desapareció como personaje importante y aun necesario para el mejor funcionamiento de la vida en los pueblos. Y que se engrandecía cuando daba lectura a aquellas disposiciones, bandos y noticias que regulaban la conducta de poblaciones, anunciaban, advertían e informaban.
Sí ha permanecido la utilización del término pregonero para quien pronuncia un discurso literario en el que se anuncia a un público la celebración de una fiesta, de un hecho importante y gozoso... Existen así los pregones de fiestas locales, ciudadanas, de exaltaciones de aniversarios, de anuncio de alguna celebración, como, por ejemplo, los de la Navidad, los de San Isidro en Madrid, y muchos más. Aunque también en el carácter de estos pregones se observa el progresivo desinterés por su posible valor literario, para buscar, en cambio y sin más, la popularidad de una persona cuya notoriedad atraiga y congregue a un público numeroso, aunque lo que pueda decir carezca de una mínima relevancia artística. Que así van las cosas...