Patrimonio histórico
Por María Ángeles Querol
La imagen más conocida del antiguo y esplendoroso Egipto son las pirámides. Y tal vez no sólo porque son perfectas, enormes, tumbas reales y muy antiguas, sino también porque se levantan en el desierto, un ambiente muy poco adecuado, en nuestras mentes occidentales, para el florecimiento de la arquitectura y, con ella, de las matemáticas.
El estudio de estos enormes monumentos lleva tanto tiempo haciéndose, y con tal intensidad, que hoy se conoce todo o casi todo sobre ellos. Sabemos cómo era cada complejo funerario, quién lo edificó y para qué, sus dimensiones y los ángulos de inclinación de sus caras. Todas ellas se construyeron en la orilla occidental del río Nilo, con una distancia de 100 kilómetros entre la que se encuentra más al norte y la más meridional.
Sus formas son casi idénticas, aunque por su terminación final se dividen en las escalonadas y las de caras lisas. Las primeras proceden de la tercera dinastía y las otras, salvo excepciones, son posteriores, llegando hasta la dinastía trece; pero son pocas las que hoy continúan en pie. Su desmoronamiento ha dependido sobre todo de la calidad de los materiales de construcción empleados en su interior. Así se sabe que, a partir de la quinta dinastía, la técnica empleada se modificó, tal vez para abaratar los costos. Se utilizaron capas superpuestas de caliza de baja calidad, rellenando los huecos con ladrillos, escombros y arena. Ese núcleo era revestido con bloques de piedra noble, pero cuando el revestimiento se perdió quedó al descubierto el interior y la mayoría de ellas no resistieron el paso del tiempo.
El mítico arquitecto Imhotep construyó la primera del mundo, la pirámide escalonada de Zoser, que sirvió de modelo para sus sucesores. La técnica de construcción fue modificándose hasta el esplendor del grupo de Gizeh, el apogeo de este rito funerario tanto por dentro, con sus exquisitas decoraciones, como por fuera. Luego, como cualquier otra manifestación cultural, fue decayendo hasta que la moda de enterrarse en pirámides pasó y se eligieron otras formas arquitectónicas. Pero con la treintena de grandes pirámides reales que hoy podemos ver en Egipto basta para llenarnos la mente con la idea, tan extendida, de que en aquel país, todo son pirámides.