Hacia
1960, Luis Rafael Sánchez se inicia en la literatura como autor de
teatro con Los ángeles se han fatigado, obra a la que le siguen,
entre otras, La hiel nuestra de cada día (1962) y La pasión
según Antígona Pérez (1968). Si el volumen de cuentos En
cuerpo de camisa (1966) revela sus aptitudes de narrador y permite
vislumbrar la irrupción de una nueva voz en la narrativa puertorriqueña,
con La guaracha del Macho Camacho (1976) —novela que le confirió
reconocimiento internacional— logra articular un discurso realmente
innovador que apela al equívoco verbal, al cruce de todos los idiomas
que se emplean en su país y a todas las posibilidades de la palabra.
Intencionadamente, Sánchez se vale de un lenguaje bastardo —como es
la jerga publicitaria y la galería de clichés que se utilizan en la vida
diaria— para elaborar la gran parodia del hombre puertorriqueño
enajenado. El latiguillo de que la vida es fenomenal, reiterado hasta el
cansancio en la letra de la guaracha que sirve de título al libro,
refleja, con ironía, los estadios contradictorios propios del coloniaje.
Uno de los hallazgos de Sánchez, que se materializa en esta novela, es
hacer coincidir un nivel lingüístico de ruptura con la tradición
literaria y una posición ideológica también de corte y divergencia
respecto a la dominante.
En una conversación que el autor mantuvo hacia 1980 con su traductor
al inglés, Gregory Rabassa, comentaba:
Hay quien dice que en Puerto Rico los escritores escriben demasiado
bien, y cuando se dice demasiado bien se quiere subrayar que demasiado
pegados a la norma, a la academia, a la corrección. Esto es otra de
las expresiones de la situación política puertorriqueña que se refleja
en su literatura.
La guaracha de la novela, que aparece hacia el final, es una
invención de Sánchez que, de manera tendenciosa, le quitó la gracia de
las guarachas auténticas, las que se cantan y bailan en los tablados y
fiestas populares de Puerto Rico, con el propósito de remarcar el grado
de estupidez al que puede llegar la gente por algo de tan escaso valor.
Novela polifónica cuyos personajes representan las diferentes voces de
la sociedad puertorriqueña sojuzgada por la publicidad, como símbolo
devastador, y encadenada al gigantismo de un padre —Estados Unidos— que
tutela su desenvolvimiento.