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Martes, 24 de febrero de 2004

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ARTE / Claroscuro

Monos de imitación

Por Marta Poza Yagüe

No es la primera vez que se habla en esta sección de la visión satírica de la sociedad que reflejan alguna de las obras de Teniers como vemos en el claroscuro titulado Políticamente incorrectos.

Alejados de la seriedad y el protocolo de los grandes lienzos oficiales, estos pequeños cuadritos de caballete ofrecían una visión más lúdica de la realidad muy del gusto de sus consumidores prioritarios: pequeños coleccionistas, comerciantes y burgueses, que los colgaban de las paredes de los salones de sus casas.

Así, en clave de humor e ironizando sobre costumbres practicadas por los hombres de su tiempo, el pintor de Amberes recrea una serie de obras en las que los monos, como si de humanos se tratase, realizan actividades como el fumar y beber en una taberna, asistir a la escuela, jugar a los naipes en una bodega o celebrar un banquete.

El ejemplo que traemos aquí compendia dos de las grandes líneas temáticas desarrolladas por él a lo largo de su carrera. La aludida de los simios imitadores, y la de composición de grandes gabinetes de antigüedades como en el claroscuro Galerías de pinturas.

El protagonista es un mono pintor trabajando en su estudio. Como si se tratara del taller de un artista flamenco del momento, el animal se encuentra sentado en un taburete frente al Lienzo, apoyado en el caballete. Ataviado con gorro, dibuja con el pincel los primeros trazos de su pintura. Para ello se ayuda del tiento, esa especie de vara larga rematada en borla que permitía reposar la mano para no torcerse, y de la paleta de colores que sostiene con la mano izquierda. Junto a él, en una mesa baja, se sitúan los recipientes con aglutinantes y pigmentos necesarios para conseguir los diferentes tonos.

Su trabajo es contemplado con detenimiento por un segundo mono ataviado con rico manto carmesí, gorro con tocado de plumas y gruesa cadena de oro sobre el pecho. Con una de las manos sujeta unos anteojos para ver; con la otra agarra una bolsa repleta de monedas. Debe tratarse, sin duda, de la persona que hizo en encargo de la obra con el dinero preparado para su pago (eso sí, siempre y cuando quede satisfecho con el resultado).

Ambientando el espacio, de las paredes cuelgan numerosos cuadros. El del extremo izquierdo muestra una escena de taberna similar a las pintadas por el propio Teniers. De los tres colocados sobre el suelo en el primer plano, uno es un retrato masculino, el otro un paisaje con campesinos, y el tercero una batalla. Los de la pared del fondo quedan algo más desdibujados al situarse en penumbra. Cerrando la composición por la derecha, sobre una mesa redonda cubierta con un tapete verde se depositan conchas, monedas, grabados y vaciados de yeso de obras antiguas, dando la sensación de conjunto de estar dentro de uno de aquellos gabinetes enciclopédicos tan en boga en la época, y que tanta fama dieron a Teniers dentro de los círculos oficiales.

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