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Martes, 26 de febrero de 2002

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ARTE / Claroscuro

¿Las primeras pinturas al óleo?

Por Carmen Rallo

Vasari nos dice que a partir de 1250, es decir, en la época de Cimabué, la técnica utilizada por los pintores de caballete se restringía al temple, ya usando como ligante el huevo, ya la cola animal. Pero esa técnica no satisfacía los deseos de los pintores, resultaba mate, con cierta fragilidad frente a la humedad y sin posibilidad de fundir luces y sombras.

Tras varios ensayos en Italia y Alemania, continúa Vasari, son los hermanos Van Eyck, los autores del descubrimiento de una nueva técnica, el óleo, de una manera accidental: Huberto van Eyck, al exponer al sol una pintura barnizada como aconsejaban el monje Teófilo y Cennino Cennini, observó que se producía un rápido secado y consecuente agrietamiento. En la búsqueda de un barniz que secara a la sombra, combina una mezcla de aceite de linaza con otro de nueces, y prueba a pintar con los pigmentos diluidos en este aglutinante.

La nueva manera de pintar fue toda una revolución, sus efectos eran sorprendentes y muchos pintores ansiaban viajar a Flandes para aprenderla. El tema de la expansión de esta técnica desde los países bajos a toda Europa es también sujeto de multitud de historias: mantenida en sus primeros momentos como una receta secreta, fue llevada a Italia por Justo de Gante y Antonello de Messina, donde la aprendió Doménico Veneziano, de éste, Andrea del Castagno y los demás florentinos. Otra historia cuenta como Giovanni Bellini, queriendo conocer el secreto del éxito de la pintura de Mesina se hizo pasar por senador, para que aquel pintor le retratara y aprender su técnica.

Sin embargo, la mezcla de aceites, así como la combinación de temple con aceite, como medio utilizado para pintar, era algo conocido en la Edad Media y cada vez más utilizado, tanto en la pintura de caballete como en la realizada sobre muro. Actualmente, con la ayuda científica en el estudio de las obras de arte, los análisis de laboratorio así lo están ratificando.

Lo que era nuevo en el arte de Flandes era el método de diluir los colores en capas sutiles, transparentes, o en emulsionarlos para conseguir pinceladas llenas de color.

El cuadro de Jan Van Eyck del Prado procede del monasterio de San Jerónimo del Parral, en Segovia, donde se conoce ya su existencia en 1454. Existen varias réplicas, entre ellas la de la catedral de Palencia, pero todas en España, por lo que se supone fue realizado por el pintor durante su estancia en Portugal en 1429.

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