ARTE / Claroscuro
Por Carmen Rallo
Estas dos obras de gran formato realizadas por Pedro Berruguete, pintor que significa la unión entre la vieja escuela flamenca y las novedades renacentistas italianas, están realizadas con la técnica de sarga. Pero, ¿qué es una sarga? Para algunos autores esa denominación pasa por ser un tipo de pintura sobre lienzo sin ninguna preparación o aparejo. Sin embargo esa definición no nos vale aquí, donde existe esa capa subyacente. Tampoco sirve como definitorio el suponer que ese tipo de obras nunca llevaban bastidor ya que, aunque así ocurre en su mayoría, cuando servían como puertas protectoras si lo tenían. Todas las sargas presentan como característica común el aspecto mate y claro final, debido a la escasez de aglutinante en la materia pictórica.
En realidad, la denominación «sarga» parece corresponder con el uso para el que estaban destinadas estas obras: de gran formato, sin bastidor rígido la mayoría de las veces, eran pinturas con carácter decorativo que se utilizaban como cortinas, estandartes, tapices murales, guardapolvos (nombre utilizado en contratos de la época se refiere a cortina que escondía el retablo protegiéndolo, «que lo guardaba») de retablos en Cuaresma.
Las ceremonias palaciegas y religiosas de este tiempo exigían un tipo de decoración temporal, rápida de ejecución, fácil de transportar y de transformar ambientes con gran rapidez. Se podría definir como «pintura efímera» y estaba mucho más difundida de lo que pudiéramos sospechar en la actualidad al estudiar los pocos ejemplos que han llegado hasta nosotros. Esa utilidad temporal para la que servían las sargas, implica que los materiales con que están realizadas sean de menor calidad respecto a las otras obras de arte. Por ello, la conservación de esta clase de pinturas ha resultado, a través del paso del tiempo, muy precaria.
Por ello contamos con pocos ejemplos de sargas de este tiempo entre las que podemos citar las sargas del Panteón Real de Oña; las de Pedro Berruguete (1450?-1504) conservadas en el Museo del Prado con la «Adoración de los Magos» y «Dos Reyes», procedentes del Convento de la Trinidad y montadas sobre bastidor; la que pertenece a la Basílica del Pilar de Zaragoza; o la nombrada por Ramírez de Arellano en la capilla sepulcral de los Condes de Cedillo, en la iglesia de San Salvador de Toledo.
Posteriormente al siglo xv la profesión de sarguero continúa en España dedicada sobre todo a los guardapolvos de Cuaresma, por lo que su iconografía se centra en escenas de Pasión. Así contamos con ejemplos como la de Sánchez Coello, en la iglesia de San Eutropio de El Espinar; la del Descendimiento de Juan de Villoldo, en Corrales del Duero; las del Santo Espíritu, en Toro; las del Monasterio del Parral, Segovia; o la que permanece en la iglesia parroquial del Barrio de San Pedro de Valdeolea.