Centro Virtual Cervantes
Rinconete > Arte
Martes, 15 de febrero de 2000

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

Elefante con castillete

Por Marta Poza Yagüe

Existe la opinión de que los griegos dan al elefante semejante nombre a causa de la magnitud de su cuerpo, que alcanza la forma de un monte; y en griego monte se dice «lophos». Entre los indios se lo conoce con el nombre de barrus, y de ahí que su grito se llame «barritus» (barrito). Sus colmillos se denominan marfil. Su hocico recibe el nombre de trompa, «proboscis» porque con ella se lleva el forraje a la boca, y es semejante a una serpiente, protegida por la defensa de sus colmillos. Los antiguos romanos los denominaron bueyes de Lucania: «bueyes», porque no conocían a ningún animal más grande; «de Lucania», porque fue en Lucania donde Pirro, por primera vez, los empleó en la guerra contra los romanos: ese tipo de animales es muy apropiado para las acciones bélicas. Los persas y los indios colocan sobre ellos unas torretas de madera y, desde allí, lanzan, como desde un muro, sus dardos. Los elefantes están dotados de gran inteligencia y memoria.

De este modo describe en el siglo vii San Isidoro a los elefantes en el Libro XII de sus Etimologías, verdadero compendio del saber enciclopédico de su época, y vigente durante gran parte del período medieval al que corresponde nuestra pintura.

La obra forma parte del amplio conjunto pictórico que decoraba la ermita soriana de San Baudelio de Casillas de Berlanga, y que constituyó, a principios del presente siglo, uno de los episodios más oscuros en lo referido a la protección y conservación de nuestro patrimonio. Los frescos se arrancaron del muro y se exportaron a Estados Unidos en 1926, y quedaron repartidos entre instituciones públicas y colecciones privadas. Las escenas que hoy podemos contemplar en el Museo del Prado llegaron en 1957, como depósito temporal indefinido del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, a cambio de las ruinas de la iglesia segoviana de San Martín de Fuentidueña. Como en el texto de San Isidoro, un gran elefante de color blanquecino porta sobre su espalda una construcción a modo de castillete defensivo. Estos animales no formaban parte en ningún caso del aparato bélico empleado en Europa durante la Edad Media, pero las numerosas referencias literarias junto con los restos de pinturas y mosaicos romanos conservados en la época, pudieron servir de fuente de inspiración para el autor de estos frescos.

 

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es