Lengua
¡Cuánta razón tienen quienes afirman que una gramática es una forma de sentir y de expresarse! Para autores como Rufino José Cuervo (Colombia 1844-1911), la lengua encarna los valores más elevados del individuo. Es lo que sugiere en este texto:
[...] la patria, para el que no conoce más que su aldea ni ha oído hablar de comarcas situadas fuera del horizonte que alcanza a divisar, no representa más que una corta parentela, un reducido círculo de conocidos apegados al terruño. A medida que la cultura crece, los límites se ensanchan, el corazón se abre a nuevas aspiraciones, y cuando las letras y las ciencias han fecundado cumplidamente un espíritu, ya la patria no cabe en las demarcaciones caprichosas de la nacionalidad. Porque si los primeros afectos se despertaron a la voz maternal, la razón también, hermana gemela de la lengua nativa y compañera suya casi inseparable, vindica como propio cuanto le llega bajo los signos conocidos de su infancia; de suerte que por un sentimiento instintivo somos en cierto modo compatricios de cuantos hablan nuestra misma lengua, y la literatura vaciada en ella es el alimento en que más de grado se apacienta nuestro espíritu. Por eso mejor que dentro de ficticios linderos se agrupan las inteligencias en torno a los nombres como los de Cervantes, Shakespeare y de Goethe; y por eso, cuando varios pueblos gozan del beneficio de un idioma común, propender a la uniformidad de éste es avigorar sus simpatías y relaciones, hacerlos uno solo.
(Tomado de «Apuntaciones críticas sobre el lenguaje de los bogotanos», en Guillermo Díaz-Plaja, Literatura hispanoamericana [antología], tomo XI, Madrid, EMESA /Novelas y Cuentos, pp. 84- 85).