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Lunes, 28 de enero de 2013

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CULTURA Y TRADICIONES

Si la china es buena

Por Irene Cuervo

«A la madre cochina no se la da china», decíamos en el parque cuando éramos pequeñas y laístas. Bueno: lo decía la madre, la que daba china a los demás, que pretendía con eso librarse de participar en el sorteo. Pero no se libraba.

La china. «Suerte que echan los muchachos metiendo en el puño una piedrecita u otra cosa semejante, y, presentando las dos manos cerradas, pierde aquel que señala la mano en que está la piedra», dice hoy el DRAE de la china. La definición viene de 1803, pero tú y yo sabemos que no es del todo cierta. Que la china puede ser buena o mala, y eso es competencia exclusiva de la madre. De la madre cochina, a quien, a pesar del pareado, siempre fue bastante habitual darle también china.

En 1780, la Academia identificaba tocarle a uno la china con «tocarle a uno la suerte», palabras que permanecieron inalterables hasta 1989, cuando se añadió: «Ú. m. en sentido negativo». Enseguida, en 1992, se produjo un cambio —«corresponderle por azar algo desafortunado»—, y con esa definición corregida llegamos hasta hoy.

Naturalmente que decir «Me ha tocado la china» implica desgracia y queja y lamento desde hace muchos años: el CORDE nos recuerda que con ese sentido negativo lo han usado en el xix y el xx de Bretón de los Herreros a Torrente Ballester, pasando por Galdós varias veces, Pardo Bazán, Azaña, Aldecoa o Delibes. Antes de ellos, en el índice de la autobiografía de Santiago González Mateo, ese Job del siglo xviii y xix, ya se mencionaba la expresión, «significando que uno ha sido comprehendido en la desgracia de otro».

En una Colección de juegos para niños de ambos sexos firmada en 1855 por Fausto López Villabrille, el de la china es otra cosa muy diferente: un juego de dos bandos donde cada jefe o madre entrega disimuladamente una piedrecita a uno solo de los de su equipo, bajo la atenta mirada del jefe o madre del equipo contrario, que lo observa y trata de adivinar quién la tiene. Luego puede acertar o no, y en función de eso pasarán unas cosas u otras; pero en fin, a lo que vamos: aquí el juego de la china consiste en adivinar dónde está la piedra. Digamos, para simplificar, que es un juego de china buena. Y en realidad bien antiguo, pues ya lo explicaba en el primer tercio del xvii, y con bastante más gracia que López Villabrille, Rodrigo Caro en sus Días geniales o lúdicros, que no se editarían hasta mucho después:

El capitán de todos la da a quien le parece, tan disimuladamente, que no lo puede echar de ver el otro capitán su contrario, el cual anda tentando las orejas a los muchachos para ver si por alguna señal puede echar de ver quién tiene la tejuela o la china. Si acierta con ella, se la lleva a su banda; si no, van saltando los de esta banda que tiene la china, hasta que lleguen a aquella raya. En tocando en ella, huyen los vencidos; los vencedores van tras ellos persiguiéndolos; si cogen a alguno, el que lo coge le llama asno, y se lo pone a cuestas y lo ha de traer hasta aquella raya.

Además tenemos el dicho «Acótome la china, que no me la quite el rey de Castilla», que parece que tiene su origen en ese mismo juego. Acotar, nos dice Autoridades, viene a ser asumir, aceptar, «jugar sin quitar lo que embaraza a la suerte». Una especie de dar china, con todas las consecuencias, de hace cuatrocientos y pico años.

¿Por qué tendemos a identificar esa piedrecita con la mala suerte y no con la buena? La cosa es más arbitraria todavía que con los palos y las pajas: de toda la vida lo corto pierde frente a lo largo, así que tiene su lógica que le toque fregar la comida o bajar a por el pan a quien saque la pajita más corta. ¿Pero la china? ¿Por qué?

Tal vez las causas por las que consideramos a la china como tradicional e inequívocamente mala se podrían buscar en la otra china, molesta de verdad, esa que en latín se llama scrupulus y que, como decía Covarrubias, si se nos mete en el zapato «lastima el pie, y caminamos mal, y con mucho dessasossiego». Quién sabe. En todo caso, en el parque no es la historia la que decide si la china es mala o buena…

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