PATRIMONIO HISTÓRICO
Por José Miguel Lorenzo Arribas
Una de las diferencias más acentuadas entre los grafitos históricos y los actuales es que no suele haber en los primeros una intención reivindicativa, política, o de protesta, a modo de eslogan, como en los que hoy pueblan los muros urbanos. A pesar de que la Academia vaya a eliminar en la definición de la acepción de grafito su carácter ‘agresivo y de protesta’ de que consta hoy, es cierto que en el imaginario el grafito suele estar asociado a tal intención. No es algo nuevo, y algunos documentos nos lo confirman, por más que, salvo excepciones, los grafitos históricos no solían tener un formato grande ni se pensaban para que fueran vistos por el público general. Al menos la mayor parte de los que han llegado hasta hoy.
Viene a colación un interesante dato de los primeros años de la llegada de los españoles a México, recogido en la Historia verdadera de la conquista de Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, texto redactado hacia 1568 y posteriormente impreso en diversas ediciones. Se criticaba la extrema ambición del conquistador y se le acusaba de acumular oro y riquezas en su propio beneficio. La manera que se escogió para hacer pública la denuncia fue, desde luego, tan efectiva como original:
y como Cortés estava en Cuyuacán y posava en unos palaçios que tenían blanqueadas y encaladas las paredes, donde buenamente se podía escrevir en ellas con carbones y con otras tintas, amanesçía cada mañana escritos motes, algunos en prosa y otros en metros, algo maliçiosos, a manera como masepasquines…
Luego, solo quedaba esperar:
Y quando salía Cortés de su aposento por las mañanas y lo leía, y como estavan en metros y en prosas y por muy gentil estilo y consonantes, cada mote y copla lo que inclinava y a la fin que tirava su dicho, y no tan simplemente como yo aquí lo digo; y como Cortés era algo poeta e se preçiava de dar respuestas inclinadas para loar sus grandes hechos e notables cosas, y (…) respondía tanbién por buenos consonantes y muy a propósito en todo lo que escrivía, y de cada día ivan más desvergonçados los metros e motes que ponían, hasta que Cortés escrivió: «Pared blanca, papel de neçios». Y amanesçió escrito más adelante: «Y aun de sabios y verdades, e Su Magestad las sabrá muy presto».
La moderna arqueología de la arquitectura considera que los muros de los edificios históricos son un texto que se puede interpretar del mismo modo que se hace con un yacimiento que se excava, puesto que tales muros conservan estratigrafía. Así, del estudio de la interrelación de sus distintas partes se pueden extraer conclusiones tan preciosas como las que extrae la arqueología tradicional. De hecho, parte de la actividad más sobresaliente de esta nueva forma de arqueología se plasma en la llamada lectura de paramentos. Se hace verdad esa célebre frase: «Ay, si estas paredes hablasen…». Pues hablan, y el grafito que describe Díaz del Castillo documenta otra forma histórica de «leer los muros». Que se lo digan a Hernán Cortés… o a otro personaje un siglo posterior, residente en El Burgo de Osma (Soria). Brevemente contamos la historia.
Aspiraba un tal doctor Almansa en 1678 a la rectoría de la Universidad de Santa Catalina, en dicha ciudad, y la víspera de las elecciones, que se prometían reñidísimas, sus colegiales partidarios grafitearon con grandes letras en las columnas del patio renacentista de la Universidad: Almansam rectorem communem asserimus. Esta y otras historietas asociadas hicieron que la votación se decantase a su favor. Mucho tuvo que agradecerle al grafito. Hoy un hotel termal se enseñorea del edificio de la otrora universidad, y el austero patio renacentista pugna en protagonismo con una intervención kitsch que oscurece la bella arquitectura quinientista. Hasta dicha intervención se vieron algunas de las ahora inofensivas letras campeando en las columnas, testimonio de aquella antigua campaña electoral y materia de jugosa anécdota, que de paso recordaban el origen del edificio como universidad. Debían molestar (¿a quién?), como casi siempre ocurre con los grafitos antiguos y con los propios revocos, y se «limpiaron» inmisericordemente. Enmudeció el muro.
Otro testigo más que se pierde. Ya nos lamentaremos. A veces, trastocando el grafito mexicano de los primeros años de la Conquista, lo que es de necios es dejar blanca la pared (la «piedra vista», que se dice), y eliminar estos preciosos testimonios.