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Jueves, 5 de enero de 2012

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CULTURA Y TRADICIONES

Jugando con el juego del poder (¡2!)

Por Irene Cuervo

Me quedé hablando de las citas que utiliza el Laboratorio de Estudios Sociales para explicar, desarrollar e interpretar las reglas del Yang Pî. Me faltó decir que, entre todos los autores mencionados, sobresale Gramsci; y que con él dialogan Confucio, Marx, Platón, Tomás Moro, Lenin, Orwell, Spinoza, Engels, Napoleón, Trotski, Clausewitz, Hegel, Nietzsche o Bakunin. Y también, claro, que se cita largamente a Maquiavelo, algo que podría haberme puesto sobre la pista un poco antes… Aunque yo qué iba a saber.

Es que se me olvidó decir lo más importante: que el Yang Pî fue un regalo —en versión pdf— de mi hermana. Y que, entusiasmada con las reglas y con la teoría político-poética que late detrás del texto de Bartra et ál., envié el documento por correo electrónico a varios amigos. Que uno de ellos se lo reenvió, a su vez, a otro amigo que había vivido en China y que también disfruta con estas cosas. Y que el chico le respondió con una sola línea, que mi amigo me reenvió nuevamente a mí: la entrada de la Wikipedia del djambi o ajedrez de Maquiavelo, «un juego para cuatro personas inventado por Jean Anesto en 1975».

Sorprendida, comparo las reglas del djambi con las del juego que me regaló mi hermana. Son exactamente iguales; tan solo cambian los nombres de las piezas… y ni siquiera todos. El dirigente del Yang Pî es ahora el líder; al militar se le llama asesino; al periodista, reportero; al ideólogo, necromóvil. Tan solo el provocador y los militantes mantienen su nombre original. En cuanto a los símbolos de las piezas, también son diferentes: si las del Yang Pî eran mucho más abstractas y se construían a partir de círculos, espirales y cruces, ahora el líder es una corona de laurel, el militante un puño, el provocador una figura con dos caras, el necromóvil una calavera, el reportero un ojo, el asesino una diana. Por lo demás, las instrucciones son idénticas.

Repaso desde el principio las cincuenta páginas del análisis del milenario Yang Pî, presentado por el Laboratorio de Estudios Sociales a partir del estudio y diseño de Bartra, Borja, Coello, García Olvera y Medrano,

[…] para el uso y diversión de políticos profesionales o marginados, ociosos, investigadores, conspiradores, huelguistas, desocupados, futurólogos, feministas, sindicalistas, militantes, niños precoces, politólogos y todos aquellos interesados en el ejercicio del arte de la política, sea por vocación o por frustración, y dedicado a la inmensa mayoría de mujeres y hombres que, sin estar en condiciones de participar en el poder, se encuentran atrapados en sus redes y desean liberarse.

El libro, como ya dije, ofrecía mucho más que unas instrucciones: se trataba de todo un estudio de política (o poética) organizado según un diseño sencillo y hondamente simbólico. Los autores destacan que las situaciones de la política que el Yang Pî reproduce están tomadas en su sentido más amplio: aluden a las relaciones de poder que se desarrollan en el interior de «la familia, el partido, el barrio, el grupo de amigos, la pandilla, la escuela o la empresa». Por otra parte, la lógica que se impone no es, como en el ajedrez, de tipo matemático, sino que se enriquece «con la intervención de la subjetividad política».

En esas instrucciones releo, comparo y sigo buscando información que me permita relacionar mi juego con el djambi. No hay ninguna mención expresa a Anesto, pero tampoco se oculta el nombre de Maquiavelo. De repente (¿cómo no me había dado cuenta antes?) descubro la más que casual relación fonética entre djambi y Yang Pî. Y empiezo a rastrear en Internet para descubrir el origen de la relectura o del plagio o de la (di)versión.

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