Cine y televisión
Por Inmaculada Álvarez Suárez
No hace mucho se estrenaba en los cines la película Héroes, del director Pau Freixas. Al tiempo se proyectaban los filmes Pa Negre (Augustí Villaronga) y Elisa K (codirigida por Jordi Cadena y Judith Colell). Las tres películas coinciden en que fueron presentadas en diferentes festivales de cine (en San Sebastián las dos últimas y en Málaga la primera), con reconocimiento de la crítica y los espectadores (Héroes, además, obtuvo el Premio Especial del Jurado). Recuerdo que el pasado año, en ese mismo Festival del Cine Español en Málaga, la película Tres días en familia, ópera prima de la directora catalana Mar Coll, obtuvo varios galardones (Premio a la Mejor Dirección, Actriz y Actor) y fue premiada también ese año en la edición de los Premios Goya. Con tendencia a establecer conexiones, enseguida caí en la cuenta de que todos estos filmes son producciones catalanas, y también en que sus temáticas no se adscriben a localismos sino que pudieran ser universales. ¿Estamos, pues, ante un nuevo cine catalán?
El cine catalán vive sin duda uno de sus mejores momentos, no sólo en cuanto a número de producciones sino también en lo que respecta a su calidad artística. Aunque no hay que olvidar que este cine no surge de improviso: algunos realizadores catalanes son ya figuras imprescindibles en la historia de este cine como Ventura Pons o Cesc Gay; y también realizadoras que, desde el boom de directoras en los años noventa, ofrecieron su particular mirada como Marta Balletbò o Isabel Coixet, entre otras. El cine catalán, al igual que el vasco, el gallego o el andaluz, se desarrolló desde los noventa al amparo de las subvenciones de los gobiernos autonómicos que cuidan especialmente la financiación de sus producciones propias. La Academia de Cine Catalán, y sus Premios Gaudí, de reconocido prestigio, cuentan desde el año pasado con un aumento en su subvención anual autonómica, que sostiene además la política lingüística de fomento de la lengua catalana en los cines. Con este escenario no es de extrañar que las producciones del cine catalán sean cada vez más habituales en los cines españoles e internacionales, y que, además, destaquen por el reconocimiento de crítica y espectadores.
Las nuevas producciones catalanas, con sus jóvenes directores, parecen intentar superar los localismos identitarios en beneficio de temáticas universales, desterritorializadas, que empatizan con un espectador más multicultural: Mar Coll en su Tres días con la familia refleja los conflictos generacionales de una familia burguesa; en Héroes, Freixas narra la nostalgia por la adolescencia feliz frente a la asfixia existencial presente; Elisa K retrata la huella del trauma por una violación, mientras Pa Negre hace lo mismo con la crueldad anónima en la Guerra Civil… Todos estos filmes tienen como nexo común la voluntad de construir temáticas y personajes que sean identificables para cualquier público, no sólo el catalán. El requisito del idioma parece también disolverse y directores como Coixet o Marc Recha ruedan sus producciones en inglés, aunque su cine supera ya per se la adscripción a un cine catalán (la productora de los Almodóvar, El Deseo, financia por ejemplo algunas producciones de Coixet). La proyección internacional de la industria cinematográfica catalana hoy representa también un cambio en la tendencia de anteriores etapas, en las que era protagonista el reflejo de lo local, de sus peculiaridades sociales y culturales. Es este un nuevo cine catalán que pretende desdibujar localismos en beneficio de un modelo abierto a un espectador más global que se identifica con sus temáticas. De momento, ante el éxito de estas producciones, parece que lo está consiguiendo.