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Viernes, 30 de enero de 2009

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Literatura

Yuri Herrera: balada del cantor en la corte del narco

Por Luis Alonso Girgado1

Prensa y literatura registran, de modos divergentes, lo que es una lacra de la vida mexicana actual: el asesinato de cantores de narcocorridos a manos de grupos del narcotráfico. Con un tratamiento cercano al mito y la leyenda (o la fábula), el mexicano Yuri Herrera ha alzado en Trabajos del reino (Periférica, 2008) la infausta balada del cantor (Lobo, el Artista) en la corte (el Palacio) del señor de los narcos (el Rey). El acceso del desastrado artista a los favores del Rey, el épico encumbramiento y posterior caída de su señor, los entresijos de una grotesca «corte de los milagros», el  acoso de la sucesión en el «trono» sangriento y un final de esperanza liberadora van marcando las secuencias de la ruta del Lobo, el cantor, que ha recorrido el «vía crucis» que le lleva desde su desvalida orfandad a recobrar su dignidad y su decisión de enfrentarse a la vida por sí solo. El agridulce remate de la fábula narrativa no deja de tener un mensaje de fondo ejemplarizante. El abigarrado, tragicómico redondel de personajes (todos ellos innominados, despersonalizados, serviles adláteres del Rey) se acompasa bien con lo fantasmagórico de la palaciega escenografía, secreta y amenazante (sexo, bala, brujería) para dar curso a una historia no poco carnavalesca, con su parte de orgía o bacanal, en la que la vida pende del hilo del capricho del «monarca»: un mito degradado que bien pronto exhibe sus debilidades y miserias.

Como casi siempre hacemos —quien nos lee lo sabe— en estas líneas sobre «Trabajos del reino», que es ante todo una manifestación de literatura (letra) narrativa, debemos hablar del lenguaje, que realza el conjunto de elementos de esta novela y que es modélico en fuerza y laconismo expresivos, en el latido de pausas y silencios, en el reflejo de las tentativas de comunicación no fraguadas y hasta en su dura e inapelable sentenciosidad en un territorio en el que hablar puede ser sinónimo de morir. Como si un viento furioso y destructor derribase frágiles criaturas de barro e inestables fichas de dominó: así es esta novela de excelente factura idiomático-expresiva, de exacerbada violencia, de zarandeadas y humilladas víctimas de la Historia (léase, de las zonas más inconfesables y degradadas de la vida mexicana). Una novela, en suma, de atrevida autenticidad al filo de lo actual.

  • (1) Publicado en Nordesía. Diario de Ferrol, 1 de julio de 2008. volver
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