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Martes, 20 de enero de 2009

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LITERATURA

Fogwill: dos narraciones1

Por Luis Alonso Girgado

Rodolfo Enrique Fogwill es, escuetamente, Fogwill en las letras argentinas, en cuya cumbre está (invocado como autor de culto, con no poco de malditismo y airada irreverencia, antisistema, irritante e incontenible genio, despectivo con los nuevos) al lado de Aira y Piglia. Fue sociólogo, editor y profesor universitario. En 1980, un cuento, «Muchacha punk», lo inclinó definitivamente hacia la literatura, en la que se había iniciado en 1979 como poeta con «El efecto de realidad». Como novelista, entre nosotros fue presentado por Mondadori en una significativa antología, Cantos de los marineros en la pampa (1998), que incluía «Los pichiciegos», una versión infernal de la supervivencia de los soldados argentinos en las Malvinas. Luego vino su novela La experiencia sensible (2001). Ahora Periférica publica un volumen que contiene dos narraciones: «Help a él» (título de rebuscada fonética que preside el libro) y «Sobre el arte de la novela». Debe tener en cuenta el lector que está ante un escritor raro, excéntrico, con frecuencia rupturista y experimentador en lo lingüístico-expresivo, preocupado por lo formal, aunque cultive lo estructuralmente imperfecto. Sus mundos (y personajes de ficción) son turbios y virulentos y no escasea el componente onírico ni el vértigo del exceso, ni las tentaciones autodestructivas.

«Help a él» menudea en ese onirismo al tiempo que evoca la figura de Vera Ortiz mientras el narrador de la historia emprende un viaje. A tánatos se une eros (siempre entre un heterogéneo y torrencial fraseo cruzado de alusiones cultas) y la tensión se hace devastadora y destructiva en dos impresionantes escenas de sexo que llegan a lo coprológico y escatológico. En lo restante, este es un texto que se dispara en continuadas referencias de todo tipo (situación del país, condición humana, dolor y placer, literatura, etc.) que hacen del conjunto algo caótico e irreductible una síntesis coherente; es, más bien, materia de aluvión, magma o amalgama con partes o momentos de singular maestría.

Mayor grado de coherencia interna percibimos en el permanente hilván de «Sobre el arte de la novela», donde vuelven el motivo del viaje y la muerte y nos adentramos en las relaciones familiares entre resonancias de la Guerra de las Malvinas y el mundo del dinero (ejecutivos de empresas, casinos). Todo ello entreverado con cuestiones como el estilo o el arte narrativo. Más sólida a los ojos del lector, esta segunda historia, más unitaria que la primera, es menos rica en alusiones, en excursos que no llegan a digresiones y que disgregan la fábula narrativa, pero dan al texto una personalidad de sumo atractivo, aunque nada halagüeña ni complaciente.

La personalidad del escritor, controvertida por muchos en su país, parece estar, a un tiempo como raíz y como espejo, en sus ficciones, imponiendo sus tonos y perfiles, sus ejes motivadores, su particular visión y modo (forma o manera, términos que el propio Fogwill matiza aquí) de observar la vida y la realidad. Buena literatura en sus mejores momentos que son muchos, la de estos textos de Fogwill que desaniman cuando hay que dar cuenta de ellos: un trabajo ímprobo y condenado a un resultado insatisfactorio. Al menos, no quede duda del alto relieve de este atrabiliario e irritante argentino, iconoclasta nato y narrador compulsivo. Interesa leerlo, sin embargo.

(1) Publicado en Nordesia, Diario de Ferrol, 10 de febrero de 2008. ^

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