Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Se trata de uno de los pintores más interesantes entre los que se hallan activos en Valencia durante la segunda mitad del siglo xv. Es fiel representante de la riqueza artística que tiene lugar en la España del momento. Si por una parte se ve que conoce el mundo flamenco presente en las obras del artista de Brujas Alincbrot y de otros como Dalmau, Jacomart o Bartolomé Bermejo, también recoge el impacto de la pintura italiana del Cinquecento presente en Valencia gracias a la maestría de Paolo de San Leocadio y de Francesco Pagano.

Rodrigo de Osona (activo en Valencia entre 1464 y 1484): La Adoración de los Magos (detalle)
Tabla, 78 x 46 cm
Núm. de inventario: 2834
Son muchas las incógnitas que todavía hoy rodean al artista e incluso llama la atención la ausencia total de datos entre 1464 y 1476, lo que ha llevado a los especialistas a especular sobre su posible viaje a Flandes donde mejoraría sensiblemente su técnica. A su vuelta a Valencia, aparece realizando sus mejores trabajos, en los que demuestra el conocimiento del trabajo de artistas de la talla de Roger van der Weyden, Hugo van der Goes o Dirk Bouts entre otros. Fue un pintor muy prolífico que trabaja en multitud de ocasiones junto a su hijo Francisco y con otros artistas de renombrado prestigio como Bartolomé Bermejo, tal como se demuestra en el magnífico tríptico de la Virgen de Montserrat encargado por el mercader Francesco della Chiesa, custodiado en la catedral italiana de Acqui Terme.
Su obra cumbre conservada la encontramos todavía in situ en la iglesia valenciana de San Nicolás, donde se encuentra la extraordinaria tabla central del retablo dedicado a la Crucifixión junto a una serie de tablas pertenecientes a la predela, de las que destaca la Piedad. Al igual que en esta obra que se conserva en el Museo del Prado, debe señalarse la elegancia general, tanto de la composición de la obra como del tratamiento de las figuras, así como la rica gama cromática de la obra en su conjunto. El tratamiento de las telas y su aspecto lujoso evidencian el aprendizaje de la lección flamenca.
Su vida como artista fue muy dilatada y trabajó, solo o con su hijo, en numerosos encargos, entre los que deben también recordarse su San Miguel pesando las almas o su retablo dedicado a San Dionisio, ambos en la Catedral de Valencia, el Retablo de la Virgen de la Leche conservado en la iglesia ibicenca de Jesús, o el San Pedro entronizado del Museo Nacional de Arte de Catalunya. Redactó testamento en 1518, año en el que se supone que se produjo su fallecimiento.