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Martes, 30 de enero de 2007

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ARTE / Claroscuro

Bamboccianti

Por Juan Carlos Ruiz Souza

El impacto de la obra de Caravaggio fue realmente trascendental en la pintura europea. Unos criticaron su falta de decoro a la hora de tratar los grandes episodios de la Historia Sagrada, otros se fijaron en el alarde técnico del claroscuro presente en sus pinturas, hubo quienes copiaron la tensión, violencia y dramatismo de sus martirios, no faltaron los que supieron valorar el preciosismo con el que pintaba sus bodegones o los que no soportaban el aparente desdén con el que miraba a los grandes maestros del renacimiento, muchos no supieron entender por qué daba cabida en sus lienzos a la expresión de la violencia, la enfermedad, la vejez, el dolor , la pobreza o la muerte descarnada... Su arte conmovió los principios teóricos de la pintura, tan debatidos y defendidos por los grandes artistas del renacimiento, como Alberti o Leonardo, tan preocupados por establecer jerarquías entre las artes y los temas a tratar. Caravaggio rompió las reglas y las jerarquías. Dedicaba el mismo talento y tiempo en pintar un bodegón o un muchacho que un retrato de un noble o un pasaje bíblico. Fundió los modelos y los prototipos, y los santos, la Virgen o San Juan Bautista, parecían hombres y mujeres normales, sin más atributos que su propia humanidad. Al final, Caravaggio hizo posible que toda la cotidianidad pudiera ser objeto de atención del arte con mayúsculas. Escenas populares, campesinos en el campo, jugadores en la taberna, etc., comenzaron a aparecer por todas partes.

Pieter van Laer, procedente de Holanda y activo en Roma entre 1623 y 1642, influido por todo lo que supuso la obra de Caravaggio comenzó a representar la vida cotidiana del pueblo, en la calle, en el campo o en sus lugares de reunión, presentando siempre a los personajes a pequeña escala. Debido a su deformidad física fue conocido cariñosamente como il Bamboccio. El éxito de su arte explica la gran cantidad de seguidores que tuvo, especialmente en los Países Bajos, conocidos de forma genérica como los bamboccianti. Entre ellos se encuentra Jan van Bike Miel, famoso por sus escenas festivas, sus reuniones de cazadores, pastores y campesinos, y junto a él podríamos citar a muchos otros como a Sweerts, Lingelbach o al propio David Teniers. El camino quedó abierto, y llegaría muy lejos, hasta la pintura del siglo xviii del propio Francisco de Goya en sus cartones para tapices, o hasta la pintura realista francesa del siglo xix.

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