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Martes, 31 de enero de 2006

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ARTE / Claroscuro

Centauros y lapitas

Por Susana Calvo Capilla

Este tipo de vasijas griegas, sobre todo ánforas y cráteras, realizadas en piedra en los talleres áticos, se pusieron muy de moda a mitad del siglo i a. C. entre los patricios romanos, que decoraban con ellas los jardines de sus villas. Los escultores griegos labraban sobre ellas escenas mitológicas similares a las que aparecían en los vasos de metal (oro, plata, bronce) donados como ofrendas votivas a los templos. Se trataba de una antigua costumbre recogida por Pausanias en su descripción de Grecia (de hacia 120-128 d. C.).

La crátera del Museo del Prado está incompleta, aunque conserva el friso superior con tres escenas en relieve de la lucha entre centauros y lapitas. En algún momento de su historia moderna fue cortada por arriba y se le añadió una tapa y un pie, elementos que fueron eliminados en 1945. Se esculpió en un taller ático hacia la segunda mitad del siglo i a. C. y formó parte de la colección de Carlos III.

Los centauros, seres con cabeza y torso humanos y cuerpo de caballo, eran descendientes de Ixión, el cruel y violento rey de Tesalia. Nacieron de la unión de este con una nube a la que Júpiter había dado la apariencia de Juno, su mujer, a quien previamente Ixión había intentado seducir. Júpiter lo condenó después a girar eternamente atado a una rueda. Los centauros vivían de forma salvaje, dedicados a la caza, en el Monte Pelión, en Tesalia, al norte de Grecia. Dado su carácter violento, cada vez que descendían de allí y se mezclaban con los mortales acababan armando bronca. Incluso a Hércules desafiaron. Sólo unos pocos estaban civilizados, entre ellos Quirón, el instructor de Aquiles. La pelea más famosa la desencadenaron en la boda de Piritoo, un héroe tesalio, hijo de Ixión, con Hipodamía, pariente lejana de los centauros, por lo que estaban invitados a la fiesta. También acudieron a la misma Teseo y los Lapitas, de la familia del novio. Los centauros se emborracharon e intentaron violar a la novia, lo que provocó una batalla campal.

En las tres escenas del vaso los contrincantes emplean armas diferentes: la primera, la más encarnizada, es la que libran a mordiscos; en otra, el lapita, con capa y pétaso, esgrime su espada ante un centauro provisto de un gran pedrusco; en la tercera, vemos a otro hombre, tocado con un yelmo, esquivando con su escudo los mazazos de la criatura salvaje. El tema, muy frecuente en la Grecia Clásica, ornaba el escudo de Atenea Promacos, la gigantesca estatua de bronce que Fidias realizó para la Acrópolis de Atenas hacia 450 a. C. Los relieves de su escudo, según Pausanias, fueron labrados por Mis, un famoso toreuta, sobre diseños del pintor Parrasio. La lucha de lapitas contra centauros adquirió tras la Batalla de Salamina (480 a. C.) connotaciones políticas y simbólicas, al asociarse a la victoria de los griegos, representantes de la civilización, sobre los persas, arquetipos de lo salvaje.

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