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Martes, 17 de enero de 2006

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ARTE / Claroscuro

Santa Margarita

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Qué largo y complejo suele ser el camino seguido por los santos entre la leyenda y la veracidad. La historia de Margarita, cuyo significado latino es el de perla, hunde sus raíces en la Antioquía de los siglos iii y iv. Perteneciente a una importante familia pagana, fue bautizada y convertida al cristianismo por la nodriza encargada de su cuidado. Pasaron los años y un importante prefecto romano llamado Olibrio se interesó en la bella muchacha. Ella, siguiendo el guión típico de las mártires de los primeros siglos del cristianismo, no aceptó el amor del gobernador al no querer renunciar ni a su virginidad ni a su fe, lo que provocó su conducción a prisión, el martirio y finalmente la muerte. En la cárcel se le apareció Satán bajo la apariencia de un gran dragón, a quien ella vence gracias a la única arma que llevaba consigo: una sencilla y pequeña cruz. La devoción popular fascinada por los hechos maravillosos que rodeaban a todos los santos medievales consideró insuficiente la simbología del demonio y prefirió ver a la Santa devorada por el dragón. Gracias a la cruz Margarita pudo huir indemne al abrirle con ella el vientre. Episodio que por otra parte recordaba a ciertos relatos del Antiguo Testamento, caso de la liberación de Jonás del vientre de la ballena. Triste fue el final de la Santa, pues Olibrio se encargó de que Margarita sufriese martirio hasta la muerte mediante decapitación.

Desde el siglo v la historia de Margarita de Antioquía fue considerada apócrifa por la Iglesia, si bien reaparece cuatro siglos más tarde y especialmente en La Leyenda Dorada del dominico Jacobo de la Vorágine, aparecida hacia 1264, lo que la convierte en una de las santas más populares. Fue patrona de las embarazadas, por la facilidad que tuvo en salir del vientre del dragón, e igualmente se pedía su intercesión durante las tormentas junto a Santa Bárbara. Su vinculación con las parturientas pudo tener varias explicaciones, junto a la ya esgrimida hay que sumar la identificación que se hizo entre la santa y Juno Lucina, divinidad pagana implorada en los partos, y por otra parte, su significado latino de perla, ya que entre sus múltiples virtudes había una de carácter terapéutico asignada al polvo de perla que consistía en la facultad de cortar las hemorragias, tan peligrosas y abundantes en los alumbramientos.

Posiblemente sea Francia donde su devoción haya tenido más éxito. Su cinturón fue su reliquia más codiciada, y por consiguiente más repetida en varios santuarios galos. Aunque resulte extraño, casi nunca se ha identificado a Santa Margarita con las flores silvestres que disfrutan de su mismo nombre.

Tiziano pintó este magnífico lienzo hacia 1555. La técnica del óleo es utilizada por el artista con una fluidez magistral, donde los pigmentos aplicados en capas muy diluidas sobre una preparación de carbonato cálcico crean un ambiente ilusionista de luz y de color sumamente expresivo y dinámico, alcanzando así la escuela pictórica veneciana del renacimiento sus cotas más elevadas de la mano del artista de Cadore.

La obra podría recordarnos a algunos cuadros de Velázquez y su paisaje, donde se adivina la ciudad de Venecia de noche y en llamas junto a la laguna, nos traería a la memoria las muy posteriores composiciones del británico Turner.

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