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Viernes, 13 de enero de 2006

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Literatura

Narrativa de la violencia peruana (VII). Luis Nieto Degregori

Por M. Ángeles Vázquez

Luis Nieto Degregori ha sido uno de los primeros narradores ligados a la narrativa de la violencia. A principios de los años ochenta el desmoronamiento del sistema democrático peruano y la guerra civil que asola al país, deja casi 70 000 víctimas. Es entonces cuando aparece un discurso narrativo que da cuenta de la dramática situación política. Luis Nieto vive muy de cerca el contexto ayacuchano, ya que en esta época es profesor en la ciudad de Huamanga y a partir de esta experiencia aborda sin temor y muy críticamente, la batalla interna peruana y la violencia que genera Sendero Luminoso. Este tipo de narrativa se ve consolidada por autores como Félix Huamán, Óscar Colchado, Ricardo Virhuez o Dante Castro.

Nacido en Cuzco, Perú, 1955, e hijo del célebre poeta Luis Nieto es actualmente investigador del Centro de Educación y Comunicación Guamán Poma del Cuzco. Ha publicado los libros de cuentos Harta cerveza y harta bala (1987), donde elabora ya desde sus inicios literarios, ficciones que giran en torno a la expansión insurrecta en Perú; La joven que subió al cielo (1988), Como cuando estábamos vivos (1989), reunidos más tarde en Con los ojos para siempre abiertos (1990), y Señores destos reynos (1994). También es autor de Fuego del Sur (1990), publicado conjuntamente con los narradores Enrique Rosas Paravicino y Mario Guevara. Su trabajo creativo ha merecido varias distinciones, entre las que sobresalen el premio de la VII Bienal de Cuento Copé y el Premio César Vallejo, otorgado por el suplemento dominical del diario El Comercio.Cuzco después el amor (2003) es su última obra editada por Peisa.

Luis Nieto está en contacto con muchas figuras involucradas en el desarrollo de Sendero Luminoso. El relato «La joven que subió al cielo» gira en torno a Daniela, una mujer que, enamorada de un senderista, sigue a su grupo durante la campaña armada. A diferencia de otras visiones contrapuestas sobre el tema, el cuento reivindica la falta de voz de las mujeres en el clan y nos rotula una jerarquía senderista que asentada en la etnicidad, prioriza la categoría de los blancos y mestizos sobre el campesinado.

La novela Cuzco después del amor nos comunica la síntesis entre el hechizo telúrico de la antigua capital del imperio inca y una nueva urbe inmersa en un cosmopolitismo que sufre la perturbación de las «luces de neón». Sus personajes se hallan soterrados en una maraña de identidades en conflicto. Así, Martín Hernández, protagonista, arquitecto restaurador, junto a su torturada relación con Cleo (una mujer casada, artista), vive una historia de amor y agonía, en esa búsqueda de engarce personal con el entorno circundante. Debe acatar el desgarro que supone la estructura administrativa de la ciudad gracias a la imposición de un sistema corrupto e ineficaz que se elabora en función de la figura del codicioso alcalde de Cuzco, el Flaco. Esta circunstancia destroza las expectativas de convertir nuevamente a Cuzco en el «ombligo del mundo».La derrota, el desamor y la perturbación inundan el espíritu del personaje, mientras indefectiblemente la ciudad se va transformando arquitectónicamente (como una metáfora de «despojo» personal) en un símbolo de falsa modernidad, de aniquilamiento sin retroceso.

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