ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Pocos mitos han gozado de tanto éxito en la historia del arte como el de la guerra y destrucción de Troya contada por Homero (siglos ix-viii a. C.) en la Odisea y por Virgilio (s. i a. C.) en la Eneida. Todo empezó cuando Paris, hijo del rey de Troya, Príamo, estando de viaje por Grecia, raptó a Helena, la mujer del rey de Esparta, Menelao, quien lo tenía hospedado en su palacio. Ante semejante ofensa todos los estados griegos comenzaron una expedición hacia la ciudad de Troya, iniciándose así la épica guerra. Entre los príncipes griegos se dieron cita Menelao y su hermano Agamenón, Aquiles, Patroclo, Ulises, Áyax, Diomedes, Néstor, etcétera. Muchos fueron los capítulos que se sucedieron en la guerra, e incluso hubo momentos de desencuentro entre los propios griegos, como el enfrentamiento que se desató entre Aquiles y Agamenón, lo que ocasionó el abandono de la guerra por parte del primero y el inicio de las derrotas de los griegos a manos de los troyanos. En la contienda murieron los dos héroes más celebrados de ambos bandos: Aquiles y Héctor.
En este cuadro vemos posiblemente el momento más famoso de la batalla, que nos ha llegado a través de Virgilio. Tras diez años de asedio de Troya por parte de los griegos, estos decidieron cambiar de estrategia al comprobar la imposibilidad de tomar la ciudad, fuertemente amurallada, por asalto. A Ulises de Ítaca se le ocurrió la siguiente idea: ante el agotamiento de los troyanos les ofreció una tregua, que automáticamente aceptaron, y además les presentó, como regalo y voto a los dioses, un gigantesco caballo de madera, que simbolizaba su buena voluntad. Debido a su gran tamaño el caballo no pudo ser introducido en la ciudad por ninguna de sus puertas, por lo que fue necesario realizar un gran boquete en la muralla. El caballo estaba hueco y en su vientre se escondieron los hombres más valientes; echada la noche y antes de despuntar el alba, los griegos descendieron del caballo y así se inició el saqueo y la destrucción de Troya.
El pintor madrileño Juan de la Corte pintó también el otro episodio más celebrado de la contienda, El rapto de Helena, igualmente conservado en el Prado. En el lienzo que ahora contemplamos el artista sitúa la escena en un marco de arquitecturas clásicas, como si nos encontrásemos en la Roma incendiada de Nerón del siglo i.