Ciencia y técnica
Por Álvaro García Meseguer
Otro campo cultivado por Torres Quevedo fue el de las máquinas algébricas, materia sobre la cual presentó diversas Memorias en Madrid (1893), Burdeos (1895) y París (1900). Tras crear varios prototipos, puso a punto una máquina para resolver ecuaciones algebraicas que era capaz de resolver ecuaciones de ocho términos, obteniendo sus raíces, incluso las complejas, con una precisión de milésimas. Años más tarde, en 1920, presentó en París el ingenio denominado «aritmómetro electromecánico» que consistía en una máquina calculadora conectada a una máquina de escribir en la que se tecleaban los números y las operaciones.
El cálculo se realizaba sin intervención alguna de operador humano y cuando finalizaba, los tipos de la máquina de escribir escribían automáticamente el resultado. Este aparato es un claro precedente de lo que más tarde serían las calculadoras digitales. El Telekino consistía en un autómata que ejecuta órdenes transmitidas mediante telegrafía sin hilos. Constituyó el primer aparato de radiodirección del mundo y es un pionero en el campo del mando a distancia. En 1906, en presencia del rey y ante una gran multitud, Torres Quevedo demostró exitosamente en el puerto de Bilbao su invento, guiando un bote por control remoto.
Torres Quevedo construyó dos versiones de lo que, sin duda, constituye su más llamativo invento: el jugador ajedrecista. Se trata de un autómata jugador de final de partidas de ajedrez: juega el rey y torre blancos (máquina) contra el rey negro (jugador humano). El resultado (victoria de las blancas) del juego está determinado algorítmicamente. Para simplificar el diseño, el autómata lograba siempre el jaque mate, si bien no por el camino más corto. El primer jugador fue construido en 1912 y expuesto en París en 1914, ocasionando gran sensación. Disponía de un brazo mecánico para mover las piezas, y de sensores eléctricos en el tablero para conocer su ubicación.
El segundo jugador, de 1920, fue construido por su hijo Gonzalo, y en él el movimiento de las piezas se consigue mediante imanes dispuestos bajo el tablero. Ambos ingenios eran de naturaleza electromecánica, y se citan como precursores de la Inteligencia Artificial. Ciertamente, constituyeron el primer intento exitoso de construir un autómata que jugase realmente a un juego humano, lo que se venía intentando desde el siglo xviii.
Posiblemente, el mejor homenaje que puede hacerse a su obra sea mantener en estado operativo la mayor parte de sus inventos y desarrollos; y en efecto, algunos de ellos pueden observarse hoy día en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid.