ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
La cruz de Santiago que este caballero luce sobre su pecho nos habla de una realidad que hunde sus raíces en la más profunda Edad Media. Las órdenes militares fueron unas instituciones muy especiales que surgieron en la Edad Media, principalmente a partir del siglo xii al amparo de la toma de Jerusalén por los cruzados en 1099, lo que hizo necesario proteger el nuevo reino hierosolimitano frente a las potencias islámicas, defender los santos lugares del cristianismo y ofrecer una atención segura a los peregrinos que allí se dirigieran desde cualquier lugar. Fusionaban por una parte el sentido de la caballería, el carácter militar encarnado por la cruzada y la condición religiosa de las órdenes monásticas que cumplían una regla. Para ello fue muy importante la figura de San Bernardo, principal artífice del éxito y de la expansión de la orden cisterciense por toda Europa, fundada por el monje Roberto en 1098 en Citeaux (Borgoña) con un sentido conservador, rigorista y reformador frente a los excesos en que habían caído los cluniacenses. San Bernardo en 1130 escribió su Elogio de la nueva caballería, lo que supuso una exaltación del carácter militar de los cristianos para defender y extender la fe, y por supuesto una legitimación de las órdenes militares.
Hubo una serie de órdenes de carácter universal, directamente dependientes del Papa, siendo las principales la del Hospital de San Juan de Jerusalén y la del Temple, y otras como la de San Lázaro, Santo Tomás de Acre o la de Santa María de los Teutones que tuvieron una dimensión menos destacada. Aunque lejos de Tierra Santa existieron también otras zonas donde el cristianismo se veía amenazado, por lo que se copió la fórmula y se crearon órdenes de índole territorial, estas áreas fueron la región del Báltico y la península ibérica.
La peculiar situación hispana entre los reinos cristianos del norte y los musulmanes de al-Andalus, hizo conveniente la creación de órdenes militares que fueran responsables de la protección y cuidado de la frontera. Hubo tres muy importantes, la primera fue la de Calatrava, fundada en 1158, y años más tarde en la década de los setenta del siglo XII aparecieron las otras dos, la de San Julián del Pereiro conocida poco después como de Alcántara, y la de Santiago que fue la orden española por excelencia. Esta última consiguió un poder territorial y económico realmente gigantesco, y su vida continuó a lo largo de la Edad Moderna aunque con un sentido más simbólico de prestigio que militar. No fue fácil pertenecer a la orden santiaguista pues era muy difícil obtener los requisitos necesarios, y algunos personajes tan relevantes como el propio Diego Velázquez tuvo que superar un juicio en el que se debió demostrar la nobleza de su arte y la limpieza cristiana de sus raíces.