Literatura
Por José Jiménez Lozano
Almendras con leche era ya un postre de la Europa medieval muy apreciado, pero aquí, en España, las recetas y los productos a este respecto que luego han perdurado nos vienen de «los otros españoles», hebreos e islámicos.
Buena parte de nuestra cocina tradicional les debe mucho, por la sencilla razón de que vivieron aquí pared con pared, durante siglos, islámicos, judíos y cristianos; y, aunque en muchos casos no podían intercambiarse sus recetas de cocina porque islámicos y hebreos no comían cerdo ni su grasa, ni la sangre de cualquier otro animal, y algunos otros pescados y carnes, quedaba todavía buena parte de menús intercambiables, y naturalmente todo el género de la dulcería: turrones y mazapanes, o ciertas gachas especiales y ciertas sopas de almendras desde luego. No digamos ya dulces como los «amarguillos» y los «adobes», o bollos de azúcar que llaman en algunas partes, que tenían además, para los judíos, una memoria simbólica.
Así que, aunque sólo fuese por esto dejando de lado el arte, la literatura y la misma lengua y, aunque sólo sea una vez, por la Navidad, y siquiera por tan dulce herencia, no tenemos más remedio que recordar que España es un logro cultural de un gran mestizaje, pese a los filtros inquisitoriales y los orgullos góticos de sangre limpia que tanto destrozo hicieron en otro tiempo. Es nuestra verdadera grandeza y nos la recuerdan hasta los turrones y los mazapanes.