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Martes, 30 de enero de 2001

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Arte / Claroscuro

El príncipe don Carlos

Por Juan Carlos Ruiz Souza

La vida del príncipe don Carlos protagoniza uno de los capítulos más tristes y controvertidos de la monarquía española del siglo xvi. Vio la luz en Valladolid en 1545 y fue el hijo primogénito de Felipe II y María de Portugal, quien falleció en el momento del nacimiento del príncipe. A pesar de su corta vida, ya que muere con sólo veintitrés años, las fuentes de la época no pueden ofrecernos una semblanza más negativa del personaje.

Su imagen enfermiza se vio agudizada por sus propios defectos físicos, por sus dificultades al hablar, por tener la pierna derecha más larga que la izquierda, así como la espalda y los hombros descompensados. Por si todo ello fuera poco, en Alcalá de Henares se cayó por unas escaleras, accidente que le ocasionó unas fuertes lesiones cerebrales de las que nunca se recuperó. Por lo visto su carácter era terrible, incluso se ha dicho que disfrutaba haciendo el mal.

Aunque fue jurado como Príncipe de Asturias al cumplir los quince años, y aceptada su presencia en el Consejo de Castilla para que se familiarizase con las tareas de gobierno, la gran animadversión que sentía por su padre le llevó a la conspiración y en última instancia a truncar su propio futuro en la Corte. Su oposición al duque de Alba hizo que intentase viajar a los sublevados Países Bajos sin el consentimiento del rey, y además quiso atentar contra don Juan de Austria, lo que produjo su inmediato arresto en enero de 1568. Sumido en la desesperación, el heredero del rey más poderoso de la tierra, murió en Madrid el 24 de julio de aquel mismo año, tras varios meses de sufrimientos.

Tales acontecimientos se mezclaron con la leyenda negra que terminó oscureciendo la figura de Felipe II, e incluso se llegó a culpar al monarca del triste final de su hijo. Se ha escrito mucho y sin rigor sobre el infante don Carlos, de su posible relación con el protestantismo, de la disparatada relación amorosa que lo vinculaba con su madrastra Isabel de Valois, así como de las diversas y truculentas causas de su muerte.

La historia del joven príncipe se ha retomado en multitud de ocasiones a lo largo de los siglos, con especial eco durante el movimiento romántico del siglo xix, ante las connotaciones trágicas de su infeliz existencia, que más bien parecen formar parte de una obra de Shakespeare.

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