Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
¡Qué buena noticia recibimos el pasado 18 de enero de 2000! El Ministerio de Educación y Cultura hizo público el acuerdo al que había llegado con tu familia, con la familia de los duques de Sueca. Por fin vas a vivir definitivamente en el Museo del Prado, pues aunque venías de visita de vez en cuando con motivo de la reunión temporal de amigos y de hermanos de pincel en alguna exposición, ahora podremos disfrutar de tu tímida mirada, de la dulzura de tu gesto, de tu embarazo simbolizado en esas espigas que llevas recogidas entre tus cabellos dorados y, cómo no, de la genialidad de Paco.
No cabe duda de que el maestro alcanza las cotas más altas cuando se siente emocionalmente unido a sus personajes. No sé si te acuerdas pero te pintó jugueteando con él cuando tan sólo tenías cinco añitos, en ese cuadro grande que hoy está en Parma y en el que aparece toda la familia del hermano de Carlos III, el infante don Luis, es decir, de tu padre.
Ya es hora de que tu marido infiel sienta celos, pues bastante has sufrido con su carácter y sus engaños. Los novios te sobraban, no quiero ni pensar cuánto hubieran pagado tanto en España como en el extranjero por disfrutar de tu cándida presencia, de esa juventud de los veintiún años rebosantes de vida y que Goya supo regalarte eternamente a través de sus pinceles, en aquella primavera de 1800. No me extraña que la infanta Margarita comience a preocuparse, pues aunque le juré amor eterno, últimamente sólo me oye hablar de ti, de doña María Teresa de Borbón y Vallabriga, XV Condesa de Chinchón.