Cine y televisión
Por Lisandro Duque Naranjo
Tomás Gutiérrez Alea (Titón), el gran director cubano de cine, muerto en 1996, a los 68 años, escribió en la década de los ochenta, a cuatro manos con la periodista brasileña Silvia Oroz, un libro titulado Las películas que no filmé. Ese texto es un recuento de las buenas ideas que se le quemaron a Titón ya en la puerta del horno, e incluso de algunas que se le quedaron sin amasar.
Tuve la fortuna de ser compañero suyo, como director asistente, en uno de esos proyectos tronchados, que no alcanzó a reportarse en el libro por haber ocurrido tres años después de éste haberse publicado. Se trataba del guión Para Elisa, escrito por Gabriel García Márquez, el cual narraba la aventura del traslado de un piano desde Cartagena hasta Bogotá, a comienzos del siglo xx, por entre una selva inclemente y en medio de una guerra civil más espesa aún.
Titón no amaba mucho ese proyecto y por momentos parecía desear que algún factor azaroso, distinto a su desgano, lo desbaratara. La historia lo entusiasmaba, por supuesto, como todas las de su gran amigo el Nobel colombiano, pero parecía sentir una pereza invencible frente a los trámites internacionales que el proyecto demandaba, pues se trataba de eso que en el argot se denomina una superproducción: cuatro millones de dólares de presupuesto, elenco híbrido de cuatro países, efectos especiales en cantidad, caballos que debían resbalarse por acantilados profundos, etc. Escogiendo las locaciones, y acompañados del fotógrafo cubano Mario García Joya y del productor Camilo Vives, recorrimos durante mes y medio todo el territorio colombiano. Titón y yo compartíamos habitación en todos los hoteles, y recuerdo que siempre me decía: «Si por mí fuera, chico, yo filmaría primero el guión de Senel».
La buena suerte quiso que Para Elisa, después de costosos preparativos, se hundiera y se quedara en veremos. Y Titón pudo filmar, tres años después, el guión de Senel Paz titulado Fresa y chocolate, esa penúltima película que le agregó otro punto mas a la gloria que ya se merecía por haber dirigido La muerte de un burócrata, Memorias del subdesarrollo, Los sobrevivientes, La última Cena, y Cartas del parque.
Hace poco, tres años después de muerto Tomás Gutiérrez Alea, leí una de las últimas entrevistas que concedió a una revista. Allí decía: «Me gustó no haber filmado Para Elisa. Yo no me sentía capaz de arrojar caballos por un abismo».