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Martes, 28 de diciembre de 1999

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ARTE / Claroscuro

La matanza de los inocentes y la huida de Egipto

Por Juan Carlos Ruiz Souza

La festividad de los Santos Inocentes, celebrada el 28 de diciembre, recuerda aquellos acontecimientos relatados en el Evangelio según San Mateo, del Nuevo Testamento, sobre el nacimiento del niño Jesús.

La historia comenzó cuando los tres magos de Oriente, en su búsqueda del Mesías, hicieron un alto en el camino, en Jerusalén, donde preguntaron al rey Herodes: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». Herodes, preocupado por semejante noticia, les pidió que, una vez que hubieran encontrado al recién nacido, le avisasen para poder ir él también a adorarle.

Los tres reyes, una vez que llegaron al pesebre y ofrecieron sus dones de oro, incienso y mirra al niño Jesús, recibieron en sueños el aviso de no decir nada. A José, de igual manera, un ángel le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estáte allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle».

Herodes, al ver que los tres magos no volvieron con las noticias que esperaba, preso de la furia, mandó exterminar a todos aquellos niños de la comarca que tuvieran menos de dos años, con la intención de dar fin a ese rey de los judíos, anunciado por los reyes de Oriente y por las profecías.

La fiesta de los Santos Inocentes se celebra en Occidente por lo menos desde el siglo v, días después de la Navidad. Y curiosamente, en el Museo del Prado no hay ningún cuadro que la escenifique, cuando sí que existen varios como el que hoy veremos, dedicados a la huida posterior a Egipto de la Sagrada Familia.

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