Literatura
I
Honor al gran Dilapidador de Poblet, que nos redime a todos los catalanes de la mancha de avaricia.
Caído, degradado, prisionero, el abate Caixal tenía en sueños la presencia de su profusa locura. Todas las figuras del altar magnífico venían entonces a hacerle compañía.
Y caído, degradado, prisionero en la estrecha torre, el Dilapidador pensaba: ¡Qué rico soy! ¡Qué rico soy!
Y por obra de él, somos ricos todavía. Él dictó a toda nuestra gente la formidable lección. Porque ha mostrado a los siglos que el mejor empleo de los capitales era colocarlos en participaciones de la locura.
En el escudo de los Caixal, la bestia fiera muerde a la mansa, y la vindicativa a la fiera Pero hay una parte del símbolo que no se ve: en lo más alto hay una nube que muerde y domina todas las bestias juntas.
3-IV-1918
II
Con el altar de Poblet se hizo a sí mismo su monumento. Pero deber nuestro sería dedicar otro a la perpetua gloria del Dilapidador simbólico. Un monumento en Barcelona, alzado, vindicativo, a toda luz y a todo viento.
Sería preciso que estatua y pedestal fuesen de mármol puro, sin mezcla de bastos materiales; que artista ilustre trabajase en él año tras año, pagado a precio de opulencia, y que ostentase el monumento esta inscripción:
LA AVARA POBREZA
ATRIBUIDA A LOS CATALANES
HONRA
A SU MÁRTIR Y VENGADORY que, en torno a este monumento del Abad, tuviese lugar, todas las tardes del domingo, el desfile de coches.
4-IV-1918
Eugenio dOrs, El valle de Josafat, páginas 81-82. Edición de Ángel dOrs y Alicia García-Navarro. Madrid: Espasa-Calpe, 1998.