Literatura
Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.
Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.
No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
No jures, porque todo juramento es un énfasis.
Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
Felices los felices.
(Tomado de Elogio de la sombra, en Obra poética, Madrid, Alianza, 1998, págs. 269-271)