Literatura
Tal vez los lectores de Rinconete recuerden los sonetos de Lope y de Rafael Morales, publicados hace un año en estas páginas. En ellos se evocaba la belleza perdida, a través de los restos mortales de una muchacha.
Dámaso Alonso (1898-1990) también recreó, en diferente forma, esta idea. En el soneto que leeremos el poeta se dirige a Dios, pidiéndole la conservación eterna de una belleza femenina que el tiempo castiga:
Oración por la belleza de una muchacha
Tú le diste esa ardiente simetría
de los labios, con brasa de tu hondura,
y en dos enormes cauces de negrura,
simas de infinitud, luz de tu día;esos bultos de nieve, que bullían
al soliviar del lino la tesura,
y, prodigios de exacta arquitectura,
dos columnas que cantan tu armonía.¡Ay, tú, Señor, le diste esa ladera
que en un álabe dulce derramase,
miel secreta en el humo entredorado!¿A qué poderosa mano espera?
Mortal belleza eternidad reclama.
¡Dale la eternidad que le has negado!