CULTURA Y TRADICIONES
Por Vania Barraza
Francisca Javiera Carrera y Verdugo nació el 10 de marzo de 1781, en Santiago. Era la hija mayor de Ignacio de la Carrera Cuevas y Paula Verdugo Valdivieso. Su familia contaba con una distinguida posición en la sociedad colonial chilena, no sólo por su ascendencia, sino también por su fortuna. Junto a sus tres hermanos, Juan José, José Miguel y Luis, Javiera tuvo una decisiva participación en el proceso independentista de Chile. Se casó en dos ocasiones: la primera, con Manuel de la Lastra y Sotta, de quien enviudó en 1800, ya con dos niños pequeños; la segunda, con Pedro Díaz de Valdés, con quien tuvo cinco hijos más. Tras los sucesos de 1810, Javiera Carrera se comprometió por completo con la independencia chilena y lo sacrificó todo por la patria. El 4 de septiembre de 1811, su hermano José Miguel, apoyado por Juan José y Luis, lideró un movimiento militar que puso a los Larraín en la cabeza del gobierno. Pero al verse marginados de la nueva junta, los hermanos Carrera dieron un segundo golpe el 15 de noviembre. Javiera es considerada la artífice y creadora de los símbolos patrios, encarnados en la bandera nacional; eligió los colores azul por el cielo, blanco por la nieve de la cordillera, y amarillo por los campos de cosecha. La bandera —izada por primera vez en julio de 1812, en una cena del cónsul de Estados Unidos— se presentó como símbolo patrio el 30 de septiembre de ese mismo año, en la gran fiesta de aniversario de la Primera Junta de Gobierno que ella organizó con entusiasmo1.
Cuando, a finales de marzo de 1813, las tropas realistas avanzaron desde Perú para reprimir los movimientos independentistas, Javiera Carrera apoyó a su hermano movilizando a otras mujeres para que confeccionaran vendas y ropa, preparasen botiquines, recolectasen fondos y se organizasen como enfermeras. En octubre de 1814, tras el Desastre de Rancagua, el gobierno español retomó el poder. Los líderes militares, Bernardo O’Higgins y los hermanos Carrera cruzaron con sus familias la cordillera de los Andes y se exiliaron en Argentina. Tras una corta estadía en Mendoza, Javiera se mudó a Buenos Aires, donde fue recibida por el sacerdote Bartolomé Tollo, antiguo amigo de la familia. Abandonó la vida pública, regresó a Chile y se retiró a su hacienda de San Miguel, donde se dedicó a su casa y a la caridad. Sólo salió de su retiro para solicitar la repatriación de los restos de sus hermanos, realizada en 1828. Falleció el 18 de agosto de 1862 a los ochenta y un años. Es considerada la madre de la patria chilena, si bien la historia oficialista le ha restado importancia y únicamente la reconoce por ser la hermana de los próceres de la independencia.
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