ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
No está claro si este lienzo fue pintado por Jacopo Tintoretto (1519-1594), en cuyo caso sería de inferior calidad al resto de sus obras en el Museo del Prado, o bien por su hijo Domenico (1560-1635), formado en el taller de su padre. Domenico, que se estableció como pintor independiente a los diecisiete años, se dedicó sobre todo a temas religiosos en su etapa madura, haciendo encargos para las muchas iglesias de Venecia. No se conocen las circunstancias de la llegada del lienzo a España, pero estaba en el Palacio de Aranjuez en 1818.
Posiblemente, el bautismo cristiano tuvo su origen en el judaísmo, que sometía a los prosélitos a la circuncisión y a un baño de inmersión para sellar la conversión y quitar los pecados previos. No obstante, el origen más directo del bautismo cristiano fue el movimiento creado por San Juan «el Bautista» en el seno del judaísmo. Jesús y parte de sus discípulos fueron bautizados por Juan y difundieron su mensaje de expiación. Sólo después de la muerte de Jesús, sus seguidores comenzaron a ser bautizados «en el nombre de Jesús», lo que suponía una transformación radical del significado del bautismo: dejaba de ser un simple rito de purificación y de admisión para convertirse en una anagennesis o regeneratio relacionada con la Resurrección. El bautismo pasó a ser el sacramento más importante para los primeros cristianos, puesto que en ese momento comenzaba la nueva vida en Cristo, la superación de la muerte y la promesa de salvación divina.
Fue San Pablo quien primero relacionó el bautismo con la Resurrección de Jesús. En su Epístola a los Romanos (6, 3-4) dice: «¿O ignoráis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados para participar en su muerte? Con Él hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su muerte, para que como Él resucitó de entre los muertos por gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva». De ahí que el rito se llevara a cabo preferentemente en Pascua. Para Tertuliano (m. después de 220) el bautismo es el momento en que el Espíritu Santo desciende en forma de paloma desde el seno del Padre sobre los cuerpos así purificados y benditos. Esa es la forma en que habitualmente se representa el bautismo de Jesús. Por último, San Ambrosio (ca. 340-397) unió físicamente la Resurrección y el bautismo al construir el baptisterio octogonal de San Giovanni alle Fonti en Milán. Sus restos arqueológicos se hallaron bajo la plaza del Duomo, junto a los cimientos de la basílica de Santa Tecla. Quiere la tradición que San Agustín fuera bautizado allí por el propio San Ambrosio en la vigilia pascual del año 387. San Ambrosio compuso unos versos que decoraron los ocho lados del edificio y que comenzaban así: «El edificio con ocho nichos ha sido levantado para los usos sagrados, la pila octogonal es digna de este don. Ha sido oportuno que sobre este número surgiera el aula del sagrado bautismo que a los pueblos ha dado la verdadera salvación en la luz de Cristo resucitado…». Y en su Epístola 44 (4) explica: «El séptimo día es del Antiguo Testamento, el octavo del Nuevo, cuando Cristo resucitó y apareció luminoso el día de una nueva salvación para todos […]».