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Jueves, 17 de diciembre de 2009

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CULTURA Y TRADICIONES

Oír misa y ayunar en la imprenta manual

Por Pablo Andrés Escapa

El Syntagma de arte typographica de Juan Caramuel y Lobkowitz (Madrid, 1606-Vigevano, 1682) es el primer manual conscientemente técnico sobre el oficio de imprimir aparecido en Europa. Se publicó en 1664 y consta de diecisiete artículos agrupados en dos partes. También parecen dos los destinatarios ideales de su texto: los autores que dan sus libros a la imprenta y quienes los imprimen. La instrucción de Caramuel pretende servir de gobierno «a manos y a conciencias» de ambos gremios (pról., 3202). Quiero destacar ahora una cuestión más emparentada con esa deuda moral que con la técnica porque ilustra aspectos aún poco considerados sobre el trabajo en las antiguas imprentas manuales.

En los artículos XII y XIII del Syntagma, Caramuel expone una minuciosa doctrina sobre la licitud de trabajar en la imprenta los días festivos combinada con la obligación de ayunar. Estar sujeto a horario laboral en día de fiesta —si las prisas por rematar una impresión lo hacían inevitable, por ejemplo—, y agravar este sacrificio observando el ayuno eran, a su vez, dos molestias dependientes de una especulación superior: si el arte de imprimir se consideraba liberal, es decir, oficio del intelecto, o mecánico, y por tanto competencia del esfuerzo físico.

La oposición entre ars liberalis y ars mechanica a la hora de juzgar la distribución del trabajo en la imprenta invita a un examen sociológico del oficio de imprimir libros. La especulación de Caramuel permite aventurar la existencia de un cierto prejuicio social entre los distintos operarios del taller según que su cometido dependiera más del esfuerzo intelectual o del físico. Caramuel distingue en su tratado entre compositores e impressores. Los primeros son sencillamente los cajistas o componedores, es decir, los encargados de distribuir en la forma los tipos que van haciendo el texto de molde. Bajo impressores se admiten los oficios de tirador y batidor, las dos tareas, dentro del taller de la imprenta, directamente vinculadas al manejo físico de la prensa. A la hora de ayunar, la norma tan copiosamente comentada en quaestiones y tituli, en articuli y differentiae, en instructiones y dubii, compendiados por Caramuel en su tratado, predicaba que los cajistas —y añadamos a los correctores sin sospecha de transgresión legal— ejercían un arte liberal y eran libres de trabajar un festivo sin ofender a Dios, pero debían cumplir con el ayuno. En cambio, para quien entintaba las formas y manejaba la barra de la prensa, había excepción en la necesidad de ayunar, porque su trabajo era mecánico —vale decir físico—, mas debían respetar el día del Señor con la abstención de trabajar. Naturalmente, hubo excepciones que dejaron su constancia sobre alguno de los propios materiales de trabajo que incumbían a todos los trabajadores de la imprenta, tanto los excusados de ayunar por ejercer un trabajo físico como los libres de trabajar en día de fiesta por ser su labor intelectual: «permitimos qu’en qualquier día, aunque sea festibos, se pueda conponer este arte con qu’el que lo compusiere oya misa», se lee sobre el original de imprenta de la Grammaticae Graecae Introductio de Juan de Villalobos [BNM, ms. 19313]. Para tranquilidad de cajistas y tiradores, las excepciones a la ley fueron tantas como los preceptos y basta comprobar el epígrafe «Causae a ieiunio excusantes» de Martino Bonacina, una de las autoridades traídas por Caramuel a su tratado (XIII, 3243), para imaginar que la ley, la realidad y las conciencias llevaron, como siempre, caminos independientes y tal vez sordos.

La oposición entre arte liberal y arte mecánica expuesta en el Syntagma de arte typographica sirvió también para introducir un nuevo grado especulativo en el juicio de la escritura. Por vez primera se distingue entre escribir (scribere) y transcribir (exscribere). Apoyándose en las teologías ibéricas de Francisco Suárez, Alonso Rodríguez y Manoel de Sà, Caramuel mantiene que no hay diferencias entre «escribir o transcribir con caracteres trazados por mano propia como con tipos de plomo fundidos por otro». Esa segunda variación de la escritura era componer en la imprenta, una muestra de arte liberal que dejaba en mejor consideración a un cajista que a un batidor. Caramuel también insinúa esta conciencia de superioridad intelectual cuando especula con el rechazo que suscitaría en el gremio de los componedores esta proposición extraída del Padre Acacio March de Velasco: «quien quisiere escusarles del ayuno, á de sentir que no es arte liberal, sino mechánica» (XIII, 3244).

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