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Jueves, 3 de diciembre de 2009

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ARTE

Autores de cómic (1). Felipe Hernández Cava

Por Christian Osuna

Felipe Hernández Cava (Madrid, 1953) es un guionista y teórico de la historieta de prolífica e inquieta carrera. Su compromiso ideológico y una temprana y lúcida comprensión de las posibilidades del medio dibujan una prolongada trayectoria en la que se ha mantenido en contacto con creadores gráficos de varias generaciones. Historiador del arte y profesional editorial, también escritor para otros medios como la televisión, el cine o la prensa, si trazamos su trayectoria profesional y vital no solo conoceríamos la historia reciente de los tebeos en España, sino que obtendríamos un testimonio directo de la historia de nuestra comunicación gráfica y editorial.

Sin terminar el bachillerato, junto a su compañero de clase Saturio Alonso, entra en contacto con el círculo de teóricos y críticos del cómic, que en aquel momento encabezaba Antonio Martín a través de la revista Bang!. Al mismo tiempo, empiezan a desarrollar sus propias historietas. Hernández Cava se estrena como guionista en 1971, en el suplemento El Cuco del diario Pueblo, con un dibujante de prestigio, García Pizarro, y su serie Rosa, la revoltosa. En ese mismo diario y, poco más tarde, en la revista Nuevo Fotogramas, empieza a publicar con su amigo de la infancia, firmando solidariamente como El Cubri, en homenaje a Stanley Kubrick. Su primer álbum, El que parte y reparte (Fundamentos, 1975), recoge varios de sus primeros trabajos, en alguno de los cuales ya había participado el tercer integrante de El Cubri, el publicitario Pedro Arjona.

Estamos en los últimos años de la dictadura de Franco y empieza a dibujarse la transición política española. Desde el principio, El Cubri muestra su compromiso en muchos trabajos para publicaciones y organizaciones de izquierda, lógicamente, de corte clandestino. Al tiempo, se integra plenamente en la escena de la historieta española de los años setenta. La estrecha relación con el grupo Premiá 3 provoca la colaboración del guionista con dibujantes como Luis García, Adolfo Usero, o la pareja artística Ventura y Nieto, pero también con otros. Se puede rastrear la obra de Hernández Cava con dibujantes como Jaime Marzal o José Cánovas en revistas como Troya (antes Trocha), Tótem, Rambla y otras. Así surgen también colaboraciones de corte feminista con autoras como Mariel Soria o Marika.

El Cubri se mantiene en parcelas comprometidas cultivando un cómic de temática realista, al tiempo que fuerza la experimentación formal. Alejado cada vez más del emergente e imperante cómic de evasión adulto, acaba radicalizando su trabajo, buscando la reflexión política y encontrando hueco en revistas de economía, política, sociología o urbanismo, ajenas a los aficionados al cómic de la época.

A finales de la década, El Cubri varía el rumbo y se acerca al cómic de género, manteniendo la capacidad que la ficción tiene para reflejar la historia y la realidad. Así ve la luz Mezquite, un western seriado en la revista La Calle; o la policíaca Sombras, que se publica de forma dispersa en revistas como Cairo o Címoc. Después vienen las historias protagonizadas por el detective Peter Parovic, cuya primera aparición, Sueños de plomo, se publica en Diario 16; Cadáveres de permiso, en la revista Rambla. Más tarde, Paisa (1982), sobre la guerra en África, y Luis Candelas (1984), inspirada por el popular bandolero madrileño.

De errática trayectoria editorial, esta tríada de autores es especialmente capaz de desarrollar su obra en estrecha relación con la prensa diaria. Precisamente, el último trabajo de El Cubri es la tira de prensa El hombre invisible (El País, 1985-1988). La marcha a Irlanda de Saturio Alonso, algunos años antes, había iniciado la disolución que, después de este trabajo, fue definitiva. Pero no pasa mucho tiempo para que Hernández Cava y Pedro Arjona se vuelvan a reunir, a principios de los noventa, en proyectos cinematográficos y para la televisión, campo en el que hoy día siguen ejerciendo como guionista y realizador, respectivamente.

Volviendo a los años ochenta, otro ejemplo de la ubicuidad de Felipe Hernández Cava es su participación en las primeras páginas del suplemento dominical Pequeño País, junto a la ilustradora Asun Balzola, en Bwana (1981); o su faceta de crítico de arte en el diario municipal Villa de Madrid. Precisamente por su relación con el equipo del entonces alcalde de Madrid, Tierno Galván, todavía formando parte de El Cubri, Hernández Cava inspira la creación de la revista Madriz, en 1984. En sus páginas, como director artístico, dio cabida a dibujantes como Raúl, Federico del Barrio, Juan Calonge, Ceesepé, Guillem Cifré, Keko, Ana Juan, LPO, Victoria Martos, Ana Miralles, Rafa Negrete, OPS, Rubén Garrido o Sento, entre otros. Siempre envuelta en polémicas, por cuestiones políticas de turno, por su condición de subvencionada, o por el sesgo experimental y la selección de autores incluidos, Madriz ofreció, seguramente por esos mismos motivos, un soporte innovador para la época e inspiró otros proyectos similares, no solo en nuestro país. El propio Hernández Cava vuelve a intentarlo, ya sin apoyo público, pero sin cejar en el carácter arriesgado, con la revista Medios Revueltos, en 1988.

Hernández Cava ha sido y sigue siendo un autor intergeneracional que, en las últimas dos décadas (sin olvidar su trabajo en y para el medio como divulgador, crítico, conferenciante, comisario de exposiciones —Consecuencias, Injuve 2005/2007—, colaborador o instigador en otras revistas como El ojo clínico), ha producido una larga lista de títulos, contando con los mejores dibujantes y artistas. Entre muchas otras, la tetralogía Las memorias de Amorós, dibujada por Federico del Barrio (Ikusager, 1993); El artefacto perverso, también con Federico del Barrio (Planeta DeAgostini, 1996); Lope de Aguirre, una trilogía dibujada por Enrique Breccia, Federico del Barrio y Ricard Castells, respectivamente (1998); Bob Deleer, con Keko (Exit Publicaciones, 2008); Soy mi sueño, de Pablo Auladell (Edicions de Ponent, 2008); o El hombre descuadernado, de Sanyú (Edicions de Ponent, 2008).

El 5 de noviembre de 2009, el Ministerio de Cultura de España concedió el Premio Nacional de Cómic a Las serpientes ciegas (BD Banda, 2008) uno de los últimos álbumes publicados de Felipe Hernández Cava y el historietista Bartolomé Seguí.

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