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Miércoles, 2 de diciembre de 2009

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Música y escena

Libertad y estructura en la obra de Agustín Charles

Por José Ramón Ripoll

La obra de Agustín Charles Soler es un claro exponente de rápida y convincente asimilación de las técnicas compositivas de su contemporaneidad. De amplia formación musical, ha sabido incorporar a su lenguaje los materiales utilizados por las vanguardias europeas y hacer de su obra un importante nexo entre el presente y las generaciones anteriores sin demasiadas fisuras. Sin embargo, a lo largo de los años ochenta elabora una serie de obras que le orientan a tomar plena conciencia de una escritura que hoy brilla por la limpieza y claridad de su exposición.

Charles Soler nace en Manresa (Barcelona) en 1960 e inicia sus estudios musicales a edad temprana en los conservatorios de Manresa, Barcelona, Badalona y Liceo. Sus primeros trabajos en la composición musical se inician de la mano de Miquel Roger y Albert Sardà, continuados posteriormente con Josep Soler. Perfecciona sus estudios en Italia con Franco Donatoni, en Francia con Luigi Nono, y en Estados Unidos con Samuel Adler. Sus obras han sido premiadas en más de cuarenta certámenes nacionales e internacionales y ha recibido encargos de los más prestigiosos intérpretes españoles. Es autor de numerosos trabajos relacionados con la composición y el análisis musical, entre los que destaca su libro Análisis de la música española del siglo xx. Actualmente enseña composición en el Conservatorio Superior de Música de Aragón y en la Escuela Superior de Música de Catalunya.

Los comienzos de Agustín Charles, como en la mayoría de los compositores catalanes de su tiempo, están marcados por la influencia del dodecafonismo y todas sus derivaciones, hasta que su inquietud le lleva a relacionarse con los múltiples y variados estilos del siglo xx. El contacto con Luigi Nono y Franco Donatoni fue decisivo para definir una nueva concepción musical fomentada por la experimentación sonora y el estudio de nuevos materiales acústicos, pero fueron Joan Guinjoan y Cristóbal Halffter las dos personas que más le ayudaron a sedimentar su obra tal como hoy la conocemos. La organización formal de este último fue decisiva para sus planteamientos, donde todo responde a una explicación susceptible de análisis. A pesar de la diversidad estilística que marca las diferentes etapas de su obra, se aprecia una característica general que la envuelve en su totalidad, y puede definirse en la obtención de un resultado global de la fórmula a partir de núcleos independientes que actúan como pequeños universos cerrados.

Buen ejemplo de su  indagación musical es su obra Iunxi, que resultó ganadora del Premio Reina Sofía de Composición en 1988. Iunxi nace como necesidad de trasladar a la orquesta una serie de preguntas y reflexiones derivadas de la experiencia con varias obras de cámara que, a causa de su naturaleza reducida, no pueden ser respondidas y desarrolladas sino en un amplio marco instrumental. Para cohesionar estas ideas, a veces dispersas y de complicada elaboración, el autor decide utilizar materiales de obras anteriores, ajustándolos a una estructura simétrica, dividida en dos grupos de nueve elementos cada uno que, a su vez, se subdividen en dos subgrupos, con lo que la obra queda repartida en partes iguales. «De la misma manera —según palabras del autor— también es dividido el tiempo de cada una de las secciones, que se interpretan ininterrumpidamente, y que están formadas por períodos derivados del número nueve. La utilización de cuatro grupos procede de las cuatro secciones que componen la orquesta: madera; metal; arpa, percusión y piano y cuerda. Este orden determinado da además, con todas sus posibles combinaciones entre grupos, un total de nueve, y de ello se deriva ese simbolismo entre el cuatro y el nueve». Como puede deducirse, tanto en Iunxi, como en toda la obra de Agustín Charles, nada queda fuera de control, pero a pesar de su complicada estructura casi matemática, su resultado sonoro nos concede una vigorosa sensación de libertad.

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