Arte / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
Del conjunto de copias de estatuas antiguas traído por Velázquez de su segundo viaje a Italia, en 1650, el Museo del Prado posee dos de las más bellas, el Hermafrodita y la Venus de la concha.

Vaciado de Matteo Bonuccelli (1652), sobre original romano conservado en el Museo del Louvre: Hermafrodita (detalle)
Bronce, 155 x 86 cm
Núm. de inventario: E-223
Se trata de sendas copias de originales pertenecientes a la colección de antigüedades de los Borghese. Velázquez las vio en 1650 en los jardines de la villa que esta familia tenía en el Pincio, entre la Puerta del Popolo y la Puerta Pinciana. Su fama y su exquisitez eran tales que Velázquez no dudó en que debían formar parte de la decoración de los nuevos salones de Felipe IV en el Alcázar de Madrid. Matteo Bonuccelli se encargó de hacer los vaciados en yeso, aquel mismo año, y de su posterior fundición en bronce, en 1652, con el bronce sobrante de los doce leones destinados al Salón de los Espejos del Alcázar que ya había terminado. Sin embargo, no se trata de copias fieles al original a partir de los moldes en yeso, sino de interpretaciones del escultor, razón por la cual las firmó con sus iniciales: M.B. En la Venus de la concha, las principales diferencias con el original se encuentran en la postura de la cabeza y en el rostro, que parece un retrato. También varía ligeramente la forma de sostener la concha. Para el Hermafrodita yacente Bonuccelli realizó un modelo en barro con ciertos cambios en la inclinación del cuerpo, en el almohadón y los paños de la cama, así como en el peinado de la figura. En el contrato del escultor se insiste en que la copia de este último debía incluir el lecho de mármol de Carrara añadido por Bernini cuando David Larique la restauró, en 1619, por orden de Scipione Borghese. El cardenal acababa de adquirir la preciosa estatua hallada poco antes en unos jardines de las antiguas Termas de Diocleciano, convertidas por Miguel Ángel en Monasterio de Santa María de la Victoria. El Hermafrodita es una copia romana en mármol realizada en el siglo ii d. C. a partir del original helenístico del siglo ii a. C.
A su llegada a Madrid, ambas esculturas se instalaron en una pequeña sala llamada «del Hermafrodita», situada a medio camino entre el Salón de los Espejos, en la planta noble del ala de mediodía del Alcázar, y la Galería del Cierzo, en el ala norte. Se convirtieron en las estrellas de la colección a juzgar por el precio en que fueron tasadas por los inventarios de palacio: el Hermafrodita valía seis mil ducados a finales del siglo xvii. Hoy, en el Museo del Prado, se encuentran en las salas de Velázquez, de nuevo arropadas por sus cuadros. Los originales en piedra de los Borghese están desde 1807 en el Museo del Louvre de París.
Velázquez se inspiró de manera evidente en este Hermafrodita para su famosa Venus del espejo, hoy en la National Gallery de Londres. Retomaba el tema de las Venus de Tiziano y el equívoco sexual del hermafrodita: un cuerpo de formas femeninas (senos y caderas anchas), un sexo masculino y un rostro de belleza ambigua. Este tema de inspiración erótica se desarrolló sobre todo en época helenística: Hermafrodita, hijo de Hermes y de Afrodita fue metamorfoseado por Zeus en un ser bisexual cuando este le unió a la ninfa Salmacis, según cuenta Ovidio. Solía aparecer asociado a los sátiros y formando parte de los cortejos dionisiacos o thyasos. Después, en época romana y en el siglo xvii fue muy requerido en los ambientes cultos como objeto de meditación.