Literatura
Por Luis Alonso Girgado1
El argentino —bonaerense— Martín Kohan, con una decena de títulos entre novelas y libros de relatos, acaba de añadir su nombre a la lista de ganadores del Premio Herralde de novela en el que no pocos hispanoamericanos (el peruano Alonso Cueto muy recientemente) le han precedido. Ciencias morales (2007) es el título de la novela premiada. Su temática es la vida colegial o escolar, aquí en la etapa de la adolescencia, ambientada en las aulas del emblemático Colegio Nacional o Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires novelado en su momento por Miguel Cané en Juvenilia (de la que nos hicimos eco hace bien poco) y vertebrado por nombres como los de Mitre o Belgrano, padres de la patria o figuras argentinas de nación. Poco o nada hay aquí de novela de aprendizaje o autoformación (lo que sería previsible); en cambio, la disciplina y uniformidad, el ejercicio de la autoridad con sus normas resultan ser el trazo más definitorio del ambiente de un centro que vive en permanente e inflexible vigilancia. En el ejercicio de la cual se mueven los protagonistas de la trama María Teresa (vigilante novata) y el señor Biasutto (preceptor jefe).
Por muy opaco y cerrado, sujeto a códigos estrictos que resulte este microcosmos escolar, no es ajeno a las tensiones del país, del que van alternándose noticias que evidencian un larvado y oculto estado de guerra. No es este Colegio de Ciencias Morales en el que Kohan nos adentra ni un establecimiento educativo militar ni uno religioso; el estricto respeto al saber, el acatamiento respetuoso a los profesores y a la cultura no impiden, sin embargo, que estemos ante una metáfora de la propia Argentina y, en tal sentido, el desenlace de la trama, con sus episodios desencadenados, así parecen certificarlo, aunque el novelista soslaye el entramado de violencia, la sempiterna vuelta a empezar con el mismo consabido horizonte, gris y opresivo.
Pero Ciencias morales es, ante todo, una novela sobre las relaciones humanas, sobre sus secretos resortes y sus imposibles movimientos; sobre las oscuras pasiones y el destino de ultraje y sometimiento que pesa sobre la mujer, centrado en este caso en el ambiente laboral, lo que hoy es un fenómeno muy de actualidad.
A nuestro entender, la novela condensa varios aciertos. Primero, una narración premiosa, compacta, que registra una atmósfera de secretismo y obsesión, erizada de simulación y a veces al borde del estallido, de la ruptura. Segundo, un minucioso descriptivismo que visualiza con exhaustividad cualquier detalle, lo que hace inevitable en algunos momentos la evocación del «nouveau roman» y de su denominada «école du régard» que luego recreó el cine. Está, en fin, en última instancia, (y con independencia del bien compensado andamiaje estructural) el vuelco de la relación de la citada pareja de protagonistas, cuyo inicio se atiene al tópico romántico para erizarse después en la perversión, el sometimiento, la sordidez y la degradación. En definitiva, el imperio de las normas, el mantenimiento de un mundo ordenado con radical rigidez y asentado en la estricta obediencia de los principios y valores impuestos se derrumba, víctima de una práctica obsesiva (el «voyeurismo» enfermizo de María Teresa) y de la violencia transgresora (la no menos enfermiza sexualidad del señor Biasutto).
Ciencias morales, sin duda alguna, airea los muchos y diversos talentos que posee el más que notable novelista que es Martin Kohan, prolífico estos últimos años, atractivo en las historias que nos cuenta, indagador a fondo en la vida argentina y narrador de excelente pulso y asentada capacidad expresiva. Lean esta novela dotada de muchas aristas, recorrida por no pocas obsesiones y, desde luego, a la vez original y sorprendente. Ya verán.