Música y escena
Por Ricardo Bellés
La característica principal que encontramos en la música popular española es la diversidad de formas de nuestros cantos populares, que cada autonomía ha convertido en propios y especiales. Notamos en ellos rasgos característicos de su remoto origen, y vemos cómo la influencia céltica, griega, fenicia y árabe se siente, ya en el zortzico vasco, ya en algunas danzas del Pirineo, ya en la misma jota, ya en algunos cantares de la provincia de Tarragona. Hallamos en la misma Cataluña restos de las trovas de sus antiguos poetas provenzales. Sentimos bullir en los polos, jácaras y cañas de Andalucía, las zambras moriscas. Se ve asimismo la influencia de la Iglesia y de sus cantos litúrgicos en la tonalidad de muchas canciones, como lo había observado Hilarión Eslava, y hasta podemos hallar vestigios de la danza pírrica, descrita por Homero, en la muñeira que se baila en las romerías de Galicia.
En la zona del Levante español, encontramos cantos sin acompañamiento alguno y otras músicas por lo común destinadas a bailarse, en las que a la voz se unen los instrumentos más en uso como la guitarra, el tenor, el requinto, el guitarrillo o timple, a los cuales suelen añadirse, a veces, el violín, la bandurria y la cítara, y como instrumentos de percusión, la pandereta, los platillos y el triángulo, y también las castañuelas o postizas. Signo característico de dichas músicas es su sencillez, su belleza y el tinte melancólico y genuinamente morisco que las impregna; como muestra están los cantos de trilla, de la caída de la hoja, de la cuna y de la labranza, la Parranda, las seguidillas y los tradicionales aguinaldos del pueblo. En Valencia se hallan las alboradas o albaes al son de la dolçaina y el tabalet (la dulzaina y el tamboril), con coplas como ésta:
Encara que tu em donares
Tres olives en un plat,
No me casaría en tu.
Perque tens cara de gat.
Tal es, a vuela pluma, lo más substancial que se puede plasmar en este breve artículo, sobre la música popular española reflejo fiel de sus costumbres y tradiciones. Cabe añadir que el pueblo español disfrutó de un privilegio que no se ha concedido a ninguna otra nación: el de poseer una música peculiar sin haber tenido músicos propios.