Literatura
Por Mario Suárez Simich
El 3 de octubre de 1968, tras un golpe de estado, asume el poder en el Perú el General Juan Velasco Alvarado. Su gobierno, de tendencia nacionalista y de izquierda, realizó una serie de cambios en la tradicional estructura económico-social del país. La reforma agraria, la nacionalización de los recursos naturales o la expropiación de los medios de comunicación, se van a convertir en un revulsivo para amplias capas de la sociedad peruana y van a significar el fin de la oligarquía financiera que sostenía a los gobiernos tradicionales de este país.
De forma paralela a los relativos cambios sociales que promueve el gobierno militar de Velasco, se va a producir la decadencia de la antigua clase dirigente. De la noche a la mañana la antigua oligarquía formada por financistas, terratenientes o rentistas se va a ver arruinada. Dos años después, en 1970, Alfredo Bryce Echenique, publica en España su novela Un mundo para Julius. En ella narra, desde la visión de un niño, el desmoronamiento del universo oligárquico a través de la descripción familiar hecha por el personaje principal, Julius.
Si bien es cierto, Bryce ya había anticipado y esbozado este universo en su libro de cuentos Huerto cerrado (1968), con esta novela logra totalizarlo y convertirla en un testimonio de clase. Con ello, logra que el texto rebase el ámbito de la narrativa peruana y se incorpore en el hispanoamericano, conocido como el «boom». La novela recibe el respaldo de la crítica internacional y conoce sucesivas ediciones. En una encuesta realizada en el Perú hace diez años, es escogida como la mejor novela del siglo xx.
Un mundo para Julius ha recibido merecidos elogios por el humor y la ironía que maneja el narrador, por el diseño de sus personajes o por el acertado uso del lenguaje. Pero lo que convierte a esta novela en un texto clave es su carácter simbólico. A través de estos símbolos Bryce va describiendo la historia de una clase social que ha detentado el poder en el Perú desde la llegada de los españoles, su metamorfosis y adaptación en el transcurso de los años y su caída final. Sin aspavientos ni dramatismos.
Como sostiene el trabajo crítico de Beatriz Barrera, la novela está plagada de presencias y fantasmas coloniales. Delata la línea de continuidad histórica que une a la aristocracia colonial española con la oligarquía capitalista peruana y lo que ello significa. Por esta razón el personajes principal es un niño y la novela está teñida de humor y de ironía. De lo contrario, la visión que tiene la clase que Julius representa respecto al resto de la sociedad peruana resultaría al menos ofensiva. La «inocente» visión de un niño es la piedra de toque en la novela.
Bryce hace el balance y liquidación de una clase, que es la suya, sorteando la autocrítica, evadiendo cualquier otro compromiso que no sea el de la nostalgia. Aún así, y ese es el mérito del autor, Un mundo para Julius es una obra fundamental para comprender la compleja realidad de un país como el Perú.