ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Annibale Carracci (1560-1609) es el genio de la escuela boloñesa, el impulso que fue capaz de renovar la pintura a finales del siglo xvi. Tomó la naturaleza como fuente de inspiración de su arte, haciéndolo más próximo y veraz, aunque no dejaba de ser una recreación intelectual, que sólo mostraba la cara amable de la realidad. Su formación se vio enriquecida por el colorismo y la elegante composición de la pintura veneciana y por la expresión y ambiente de las obras de Correggio. Pensaba y repensaba sus obras. Dibujaba y dibujaba antes de lograr la forma definitiva de sus diseños y pinturas.
Su fama lo llevó a Roma de la mano del cardenal Eduardo Farnesio, para quien pintó el «camerino» o despacho en el palacio de la familia. Con motivo de la boda de Ranuccio Farnesio con Margarita Aldobrandini recibió el encargo de pintar la estancia principal del mismo palacio Farnesio, sobre la entrada del mismo. Sus pinturas, que siguen las fuentes clásicas de Ovidio y Virgilio, los consejos iconográficos del bibliotecario de los Farnesio, Fulvio Orsini, y la influencia en la composición de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel y de los frescos de la Farnesina de Rafael, se convertirán en el paradigma de la pintura clasicista romana. En ellas se presentaron diferentes escenas amorosas entre los dioses del Olimpo y los mortales, unas con final feliz y otras con trágico desenlace, presididas por las bodas de Baco y Ariadna. Junto a él se forman y trabajan en la ejecución de dichos frescos algunos de los artistas clasicistas más importantes del Barroco romano, como Domenichino, Francesco Albani o Lanfranco, difusores de la herencia de Carracci.
Aunque tomaba cosas de artistas anteriores, Annibale propuso en su renovación un sinfín de prototipos que gozarían de gran éxito durante las décadas siguientes, entre ellos se podría hablar de la creación del paisaje clásico. Un paisaje ennoblecido por el hombre, donde la arquitectura y las ruinas clásicas lo mejoran, y lo convierten en el marco ideal y heroico de los grandes acontecimientos de la historia sagrada o profana. En este Paisaje con bañistas vemos la antesala del gran paisaje clásico que tanto éxito tuvo en la pintura barroca de toda Europa, en obras salidas de los pinceles de tantos y tantos artistas como Nicolás Poussin, Jean Lemaire o Claudio de Lorena entre muchos otros.