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Martes, 28 de diciembre de 2004

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Lengua / Etimologías

Calma chicha

Por Arturo Ortega Morán

Hablar de calma chicha es hablar de la quietud. Pero no de esa que cura la fatiga, no de esa que abre espacios a la meditación, no de la que es remanso en la turbulencia de la vida. Hablar de calma chicha es hablar de la otra quietud, la que desespera, en la que no hay negro ni blanco, ni frío ni calor, ni bien ni mal... la que sabe a muerte.

¡Qué curiosa expresión! Lo de calma podemos entenderlo, pero lo de chicha, como que ya no nos resulta tan familiar. Lo interesante comienza con las sorpresas que encierra la palabra calma.

De la voz griega karma surgió la palabra latina cauma, ambas con el significado de 'calor sofocante'. En el naciente castellano se dijo calma, y en el argot de los marineros, la palabra se asoció con la ausencia de viento, que hacía sentir un calor abrasador. Entonces, se empezó a hablar de «la mar en calma», cuando la naturaleza no cedía el viento indispensable para navegar.

Gonzalo Correas, en 1627, recogió las siguientes expresiones: «Estar enkalmado. El ke enferma de kalor i soles». Y «tener en kalma», «dexar en kalma»: símil de las naves «ke están paradas sin tener viento».

Como se ve, la voz calma denotaba una situación indeseable, ya por la incomodidad del calor o ya por la falta de viento. Sin embargo, con el tiempo, fue suavizando su significado hasta tomar la connotación de ‘serenidad, tranquilidad, paz’.

Pudo ser que, algún día del siglo xviii, en uno de tantos viajes a través del mar, el viento cesó y el barco se detuvo. El calor y la quietud desesperante, hicieron exclamar a un marinero de origen francés algo así como «¡esto es una calma chiche!». En francés, chiche significa «avaro», de modo que la expresión podría traducirse como «¡esto es una calma avara!», esto, por no ceder ni un ápice de viento. La expresión debió gustar a los marineros españoles; hacía tiempo que la palabra «calma» había perdido su dureza y necesitaban una nueva forma de echar en cara a la naturaleza su «avaricia».

Al acomodarse a la fonética castellana, se dijo «calma chicha» para nombrar a esos momentos en que la ausencia de viento hacia desesperar a los marineros. Sería cuestión de tiempo para que, coloquialmente, se usara para referirse a cualquier situación de quietud desesperante.

Joan Coromines dijo que «calma chicha» está documentada, en castellano, desde 1831. No obstante, he encontrado que en la obra del ecuatoriano Rafael Jimena, «Al General Sucre [Epistolario]», de 1821, la expresión se usa ya metafóricamente. En una parte dice: Ninguna noticia de interés. Estamos en calma chicha: no corren ni verdades, ni mentiras. Esto hace pensar que la expresión es más antigua, muy probablemente, de la segunda mitad del siglo xviii.

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