ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
En el Museo del Prado se conservan seis tablas procedentes de un retablo del monasterio jerónimo de Santa María de la Sisla (Toledo), hoy desaparecido. Los especialistas diferencian en ellas dos manos distintas, ambas dentro de la corriente hispano-flamenca del último cuarto del siglo xv. Las tres hoy comentadas, Anunciación, Visitación y Tránsito de la Virgen, que dejan traslucir cierta influencia de la pintura alemana, serían obra del llamado Maestro de la Sisla, el cual según sugieren Ch. R. Post y J. Yarza pudo ser el mismo que se conoce como Maestro de Ávila. Las otras tres tablas, Adoración de los Magos; Presentación del Niño en el Templo,y Circuncisión, donde se da un mayor uso de los dorados, se atribuyen a los discípulos de aquél o al Maestro de San Ildefonso.
El desarrollo del estilo hispano-flamenco en la segunda mitad del siglo xv corre paralelo a la llegada a la península de numerosas obras y artistas flamencos de todos los campos del arte. Pintores como Van der Weyden, Memling o Bouts fascinaban a los mecenas y eran imitados por los artistas hispanos. Su influencia se revela claramente en los escenarios elegidos para estos episodios de la historia sagrada: un interior doméstico donde se cuidan con mimo todos los detalles, los muebles, las paredes y cortinajes, los objetos y el atuendo de los personajes. Se abandona el uso de pan de oro en los fondos, en los mantos o en los halos, característico del gótico, y en cambio se pone especial énfasis en las calidades de las superficies y de las telas, en sus angulosos pliegues (un perfecto ejemplo es el Tránsito de la Virgen), o en el colorido intenso y armónico. Para conseguir estos matices es fundamental el uso de la técnica al óleo que permite una pincelada más brillante y una mayor viveza cromática. A diferencia de la pintura renacentista, que comienza a llegar desde Italia de forma tímida aún, estos artistas hispanos conceden menos importancia al estudio de volúmenes y al anatómico, de las figuras o a los efectos espaciales de la perspectiva, sólo insinuados mediante las baldosas del suelo y el fondo arquitectónico.
La espléndida alfombra de la Anunciación nos sitúa en un entorno burgués o noble de cualquier lugar de la Europa de los siglos xv y xvi. La demanda de estas alfombras de origen andalusí era enorme, como lo demuestran diversos documentos e incluso los cuadros flamencos, italianos o españoles. La industria de los telares estaba en manos de los mudéjares hispanos, sobre todo de la región de Albacete (Alcaraz, Liétor, Hellín) y Murcia. Aunque las más conocidas son las del tipo Holbein (porque aparecen en los cuadros de este pintor), inspiradas en motivos turcos, había otros tipos con dibujos de la tradición andalusí o también góticos y renacentistas, como en este caso. Todas ellas estaban rematadas por cenefas de epigrafía árabe (a veces fingida), que aquí dice: «El poder de Dios y la paz de Dios».