Literatura
Por Sergio León Gómez
El discurso de Arlt se inserta en el de la crisis social, consecuencia de fallidos intentos de la burguesía por afianzar modelos democráticos en Hispanoamérica. Prueba de ese fracaso es el cuartelazo del 30 en Argentina. No es esta la época de Lugones que creía en el progreso. Arlt, en cambio, ve el lado amargo de la emigración, la desesperanza y la angustia del ser humano, abandonado a su suerte, en las calles de una ciudad despiadada. Por esta razón no quiere contemporizar ni con la estética modernista, ni con la vanguardia.
Esto es el Paraíso
Muchos se dirán (¿qué tiene que ver el conventillo con todo lo que voy escribiendo? Pero ya llegaremos al grano.)
El señor Lugones encuentra bolcheviques a los escritores que, como Mariani, Barletta, Castelnuovo, Tuñón y yo, quizá, se han ocupado de la mugre que hace triste la vida de esta ciudad.
El señor Lugones encuentra mal que todos los muchachos de la izquierda, es decir, del grupo llamado de Boedo, se ocupen de la miseria y de la angustia de los hombres argentinos. Él prefiere las frases, las rimas de azul de metileno con las durezas del tungsteno y otras combinaciones por el estilo que, con un poco de dificultad y otro poco de ingenio, constituye cualquier estudiante aventajado, y las prefiere porque mentalmente está constituido para eso y porque todo lo útil que dejó de escribir, habiéndolo podido hacer, se resuelve en su entendimiento, que no puede admitir sino que el camino que ha seguido es el verdadero.
Esto no tendría importancia si no desviara el criterio de los lectores, sobre todo el de aquellos lectores para quienes la letra de imprenta y una firma que ha hecho ruido en torno de sí, son artículo de fe.
Tomado de Roberto Arlt, Aguafuertes, 1.ª edición, Buenos Aires, Losada, 1998, vol. II, pág. 391.