Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 5 de diciembre de 2000

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

Protagonistas de un imperio

Por Juan Carlos Ruiz Souza

—Son muchos los nombres que han acompañado a mi señor Carlos V, entre 1500 y 1558, en su viaje por la Historia. Embarquemos en una ligera carabela que nos permita surcar las peligrosas y turbulentas aguas del tiempo pasado. Imprescindible para el camino y para no perdernos será la Carta de Marear o Mapamundi que Juan de la Cosa terminó justo en 1500. Antes de partir tomaremos un retrato de su amada mujer Isabel de Portugal, por ejemplo aquél de Tiziano que tanto le gusta, y nos despediremos del duque de Gandía, San Francisco de Borja.
Si pasamos por Villalar, mejor será no decir nada de los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado, allí ajusticiados en 1521 por negarse a perder sus viejos privilegios consuetudinarios. En Salamanca hablaremos con el catedrático dominico Francisco, sí el de Vitoria, para que nos preste su De jure belli, pues visitaremos varios países y no está de más tener presente el Derecho Internacional. Si tuviésemos tiempo me gustaría comprar en alguna librería junto a la universidad, que luce su flamante fachada, un libro aparecido en 1554 y que me han dicho que es un espejo muy «real» de nuestra sociedad imperial.

»Merece la pena que nos acerquemos a Burgos para contemplar la preciosa escalera realizada por Diego de Siloé en su catedral, aunque seguramente al pasar por Valladolid escucharemos hablar de Lutero y de su reforma, lo cual muy poco le va a gustar a mi señor. De camino hacia el sur, antes de llegar a Toledo, querría parar en Alcalá de Henares para visitar su importante instituto de difusión de la lengua de Nebrija y para rezar unos momentos ante el sepulcro del Cardenal Cisneros en la Capilla de San Ildefonso, ya que él llevó las riendas de España hasta que Carlos tomó sus llaves en 1517 al venir de Flandes.

»Ya hemos llegado al rompeolas, aunque en dique seco, de las Españas del Mediterráneo y del Atlántico, cuyo corazón se halla en la recia Castilla señorial y altiva, es decir, Toledo. Quiero conversar con Covarrubias sobre sus últimos proyectos de arquitectura, y comer con Alonso de Berruguete para que nos hable de las obras de Miguel Ángel, y de paso nos recomiende qué lugares nuevos debemos visitar en Roma si finalmente vamos a Italia, aunque después de lo sucedido en 1527 no creo que sea lo más aconsejable. ¿Se habrá acordado Alonso de traernos esos libros de Maquiavelo de los que tanto se habla últimamente? Seguro que las obras de Erasmo seguirán gustando más a Carlos, al fin y al cabo siempre se sintió muy identificado con su legado humanista.

»De camino a Andalucía pararemos en Almagro y en su bonita plaza que más parece de Flandes que de las cálidas y secas tierras de la Mancha de D. Alonso Quijano. Allí visitaremos a la familia Fugger que ha llegado hace pocos días para visitar su explotación de mercurio en Almadén y, de paso, actualizar los créditos del emperador. Granada, Córdoba y Sevilla, ¡qué bullicio! Todo resulta exótico desde la Alhambra mora, junto a la cual el gran palacio de Machuca crece soberbio a pasos agigantados. Qué lejos quedan ya Gante, Alemania, Pavía, Roma o Burgos. La Capilla Real granadina, de la que tanto se ha ocupado el emperador para que la viéramos terminada, se puede decir que por fin ya está concluida. Allí descansan los cuerpos de sus familiares más directos, a los que una vez más mostró su respeto. En Córdoba, mi señor admiró su gran mezquita, y le oyeron exclamar al cabildo, muy malhumorado por cierto, ante las obras de la nueva catedral: ‘Habéis tomado algo único y lo habéis convertido en algo mundano’.

»Si la Venecia de los duques o la Constantinopla del temible Solimán son las puertas del Oriente, la Sevilla del gran Carlos es la entrada del Nuevo Mundo. En la capital de la Giralda se ven plantas, frutos y animales exóticos de todos los colores y tamaños, gentes de todas partes y condiciones que hablan en todas las lenguas conocidas del sueño americano, de Hernán Cortés, de Núñez Cabeza de Vaca, de Pizarro, de Núñez de Balboa, de la plata de Méjico, del oro del Perú..., pero también de Fray Bartolomé de las Casas y sus escritos.

»Veo que el emperador ya está cansado, ya no quiere viajar más, la gota y los recuerdos le abruman. El lejano monasterio de Yuste nos espera.

—¡Calla Juanelo!, que te pasas todo el día hablando sólo con tus relojes y quiero dormir la siesta.

Con este artículo se concluye la serie de once comentarios sobre cuadros que ilustran la vida y la época de Carlos V. Con ellos el Centro Virtual Cervantes ha querido conmemorar el quinto centenario del nacimiento del emperador. Puede acceder a todos ellos desde aquí:

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es